Internacional – Trump

¿QUÉ ES LO QUE MÁS COMPLICA A TRUMP EN SU GUERRA CONTRA IRÁN?

Por Claudio Jedlicki

Por cierto, no son los centenares de muertos que dejan sus bombardeos sumados a los de Israel. Otra cosa sería si fuesen norteamericanos, lo que explica que se limiten a lanzar desde lejos bombas desde aviones o misiles.
Tampoco es el costo de la guerra, por más que signifique un valor elevadísimo, de varios miles de millones de dólares por semana. A esto viene a sumarse al déficit presupuestario y la deuda del Estado que, incluso, sin guerra alguna, alcanzan cifras mucho mayores.
Como lo hemos escrito más de una vez, pretendiendo demostrarlo, para EEUU el déficit y ni siquiera un déficit como este, genera inconvenientes. Al contrario*.
Los déficits complican a los países porque engendran deudas que acumulándose se autonomizan, nutriéndose a sí misma al inducir otras para honorar el servicio (amortización e intereses) de las precedentes. El costo de las nuevas aumenta ya que el riesgo para los prestamistas es mayor, repercutiéndose en la tasa de interés.
Pero cuando el Estado yanqui se “endeuda”, lo hace consigo mismo. Los déficits implican reconocimientos de deudas, bonos del Tesoro, suscritos por la Fed (Federal Reserve), su Banco Central, financiados con dólares que este mismo emite y que luego retrocede a los mercados financieros.
Donde la cosa se le pone fea para Trump es con la amenaza iraní de atacar a los barcos petroleros y bloqueando el estrecho de Ormuz. La pura amenaza de hundirlos basta para disuadir a los armadores petroleros de no correr el riesgo de atravesarlo.
Esto se traduce en que un buen quinto del petróleo mundial es retirado del mercado, así como un tercio de los fertilizantes, con la consiguiente rarificación de la oferta, que como se sabe, alza el precio.
El petróleo, bien imprescindible, incorporado en casi todos los productos, más no sea por el transporte que estos requieren para llegar al consumidor y por la energía y los insumos necesarios para producirlos, difunde el alza en proporciones variables al resto de los bienes. Otro tanto ocurre con los fertilizantes, a menor escala, limitándose al sector agrícola.
Uno de los pilares de la campaña de Trump fue la lucha contra la inflación, estigma del gobierno Biden. A poco más de medio año de elecciones parlamentariasla subida de precios, ya entamada por la devaluación del dólar y las tarifas que encarecieron las importaciones, será probablemente fatal al gobierno trumpista, sobre todo si se prolonga la guerra.
De esto, hasta Trump está consciente. Difícilmente podrá impedirlo. A pesar de la tradicional medida monetarista de disminuir el circulante, para limitar el consumo, los precios subirán**.
El meollo para Trump es cómo salir de la guerra. Contrariamente a lo que se afirma, que no lo sabía ni cuando la desencadenó, sí, estaba dando la hora al creer que suprimiendo un puñado de líderes caía el régimen.
Por más que las tres cuartas partes de los iranís se opongan al régimen, el 20% que lo apoya lo hace sobre una base religioso-ideológica militante, susceptible de reemplazar a los caídos, mientras disponga del monopolio de las fuerzas de represión para someter al resto.
No es desde el cielo que Estados Unidos va a poder impedirlo sabiendo que una invasión terrestre le está políticamente vedada.

———————————
*En efecto, los déficits que poco le gustan a Trump son los que eventualmente alimentan importaciones al no contribuir a la reindustrialización y al empleo. Los armamentos que requiere los produce, mayoritariamente en EEUU.

**Acordémosle a Trump, no ser un fanático del monetarismo. Es más, una mezcla de “desregulacionismo” ultraliberal en materia de impuestos, de reducción del Estado, por un lado, con intervencionismo estatal para estimular la producción nacional recurriendo al proteccionismo y a una política monetaria expansionista por otro.

Soyez le premier à commenter

Laisser un commentaire