Palma n° 54

APENAS INSTALADO EN SU CARGO Y YA SS.EE EL PRESIDENTE OBTIENE LA PALMA DE HONOR

“Debemos prepararnos para los próximos cuatro años, lo que será sin duda una de las etapas más atareadas de nuestras vidas en tanto responsables de otorgar este mundialmente reconocido y prestigiado galardón que es la Palma de Honor….”
Con estas agoreras palabras, Su Serenísima Señoría el presidente del Jurado de la Palma de Honor (SSS) abrió la sesión en aquella primaveral mañana parisina, despertando inmediatamente la inquietud entre los Honorables Miembros.
“Cuando apenas han transcurridos unos días después de la instalación del nuevo gobierno chileno los expedientes de los postulantes para obtener la Palma de Honor suman varias decenas”, explicó.
Los Honorables Miembros, como un sólo hombre, enterraron la cabeza entre los hombros, como cuando se espera un chaparrón.
Pero, como siempre, SSS tuvo el gesto y las palabras que llegaron para solucionar el entuerto y para disipar así, al instante, las angustias de los Honorables Miembros.
“En las circunstancias, continuó, lo más lógico es comenzar por la cabeza en esto de otorgar la Palma de Honor y, en este caso, atribuirla a SSu Excelencia el presidente de la República de Chile, don José Antonio Kast”, detalló.
Y antes de que los Honorables Miembros, de por sí mal pensados, comenzaran a imaginar que SSS se estaba “coleteando” con las nuevas autoridades, este expuso los antecedentes que determinaron su decisión de premiar a SSu Excelencia
“! Qué mejor idea para detener la llegada de nuevos inmigrantes clandestinos que cavar una zanja en la frontera ¡”, exclamó SSS con voz temblorosa por la emoción y elevando los brazos al cielo.
“Si junto a esta zanja se ponen letreros que digan “prohibido pasar” o en los caminos se instalan semáforos que estén siempre con luz roja, no habrá manera que pasen delincuentes y narcotraficantes a través de los más de 4.500 kilómetros de frontera que tiene Chile”, detalló SSS.
No fue necesario más, pues los Honorables Miembros estallaron en un nutrido aplauso de pie que duró varios minutos, antes que se escuchara una voz que clamó:
“Esto hay que celebrarlo, vamos todos al CapHorn, antes que abran una zanja en la rue de Birague…”
Y, como de costumbre, con la satisfacción del deber cumplido, los Honorables Miembros, encabezados por Su Serenísima Señoría el presidente del Jurado de la Palma de Honor, aportaron su concurso al desarrollo de la industria del pisco.

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