IDA Y VUELTA EN LA RED
Por Iván KL.

Uno de los contrastes de Santiago de Chile son los buses de la Red Metropolitana de Movilidad, conocida como Red. Los más modernos tienen aire acondicionado, conectores para teléfonos y wifi junto a asientos rígidos y vitales pasamanos.
Nuestro Red cubre un importante hospital para adultos mayores, y que son numerosos a esta hora matinal. Inesperadamente, el bus es conducido por un chofer empeñado en ganarle a no sabemos qué exactamente, creando tensión entre sus usuarios, con frenazos y aceleraciones bruscas, sin consideración por su delicada carga.
Un pasajero pierde el equilibrio intentando alcanzar el nivel superior que se encuentra al fondo del bus. Se escuchan gritos y recomendaciones para cursar un procedimiento por accidente en transporte público.
En modo broma y de manera semi seria, alguien grita:”¡hay que ser mono para afirmarse en el bus! “, dirigiéndose al chofer, quien insiste en avanzar y frenar bruscamente, traduciendo su inconsciente individualismo a su manera de conducir.
Y es que en Chile, donde la alegría posible tarda décadas en llegar, persisten los fundamentos culturales del brutalismo ultra-capitalista, y que tienen relación con arcaicas nociones de competencia e irresponsabilidad social.
Los malos ejemplos sobran a todo nivel, aun cuando ciertas evidencias demuestran que, para llegar íntegros y bien a nuestras diferentes metas, es mejor un cuadro común de vida digna y serena.
Descendí del tenso ambiente en el bus mal conducido, que se alejó corcoveando como la indefinida democracia y modernidad a la chilena, entre pretendidos saltos hacia adelante y memorables retrocesos, gracias a algunos ineptos conductores.
La vuelta fue en otro bus Red, esta vez manejado serenamente por una conductora.
“¡Amables Gracias!”, se escuchaba en cada parada para dejar pasajeros, como una cálida resonancia a la correcta conducción, no estúpidamente competitiva, sino competente, social y solidaria.
¡Buen Viaje!
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Iván KL
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