¡ HÉROES DE NUESTRO TIEMPO !

El sábado 23 de mayo llegaron a Chile tres de los cuatro héroes chilenos que estaban en la Global Sumud Flotilla, la misión internacional para llevar ayuda humanitaria y romper el bloqueo criminal contra la franja de Gaza, liberados gracias a una movilización solidaria mundial y no precisamente merced la acción de la Cancillería en Santiago.
Víctor Chanfreau, Claudio Caiozzi y Carolina Eltit, además de Ignacio Ladrón de Guevara, que volvió a España donde reside, habían sido secuestrados junto a otros 430 militantes por fuerzas israelíes en aguas internacionales, llevados a Israel, maltratados y torturados incluso públicamente en presencia del ministro israelí de la Seguridad Itamar Ben Gvir.
Fueron las imágenes mostrando a aquel miembro del propio gobierno israelí, burlándose y humillando a los militantes mientras eran golpeados y maltratados, lo que por fin hizo reaccionar al ministerio chileno de Relaciones Exteriores.
La Cancillería precisó que “ha expresado su malestar al embajador de Israel en Chile…”, según se dio a conocer en una declaración pública.
Como es de imaginar, tanta firmeza provocó inmediatamente en Israel una crisis de pánico, reuniones del gabinete de seguridad, alerta máxima de las fuerzas militares y puso a Netanyahu al borde del infarto, frente al peligro de que todos se murieran de la risa.
Sin embargo y más seriamente, no hay que olvidar que esta cobarde y ridícula reacción oficial chilena no es un hecho casual sino la expresión clara y explícita de un gobierno elegido, según las reglas más estrictas de la democracia y por la mayoría de un pueblo.
La mayoría de un pueblo que ha querido enterrar su propia historia trágica de 17 años de dictadura bajo un manto de bienestar imaginario.
La mayoría de un pueblo que se dejó deslumbrar por gobiernos que lavaron la cara y acicalaron un sistema instalado mediante la brutalidad y el crimen y, que se dejó engatusar, para formar parte una sociedad-rebaño de esclavos, encadenados y conducidos la cabeza gacha, bajo el peso de una tarjeta de crédito.
Así, la ridícula reacción del gobierno de Chile no es más que es el resumen, entre otros, de los cientos de mensajes publicados en las redes sociales cada vez que se aludía a la flotilla Sumud, por ignorantes e imbéciles que, escondidos en el anonimato y detrás de sus pantallas, se permitían insultar a los participantes de esa misión y en particular a los chilenos.
Hay algo que sin duda es difícil de comprender para cobardes anónimos y para el gobierno que los representa, cual el significado de la acción de todos los que han participado y que participarán en acciones como el de la Global Sumud Flotilla y, en particular en este caso, la de los cuatro chilenos.
Chanfreau, Eltit, Caiozzi y Ladrón de Guevara sabían muy bien que corrían el riesgo de ser maltratados, torturados e incluso perder la vida, pero partieron convencidos que, en su acción solidaria esta vez con el pueblo palestino, estaban actuando en nombre de toda la Humanidad, incluso de aquellos que los denigraban.
Y, en tanto chilenos, sin duda actuaron teniendo muy anclado en el espíritu el recuerdo y el respeto de todos nuestros detenidos, torturados, muertos y desaparecidos a manos de la Dictadura, hermana en el horror y el crimen del gobierno israelí.
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