FUTBOL Y CHOVINISMO
Algunas sorpresas
Por Claudio Jedlicki

El deporte y en particular el fútbol mantienen relaciones estrechas con la política. Esto data desde que los eventos deportivos se han ido haciendo populares implicando no solo a los participantes directos, pero a partes crecientes de la población. Esta se interesa a ellos, informándose por los medias, asistiendo a los espectáculos y/o sobre todo siguiéndolos por televisión.
El futbol es un deporte que casi todos los hombres practican y cada vez más mujeres, en la juventud, en aquellos países donde es popular, pichangueando algunas veces por aquí o por allá. La facilidad con que se puede practicar está por mucho: Poquísimos medios, una pelota o algo que se parezca y un espacio medianamente amplio como la calle, la playa o un terreno baldío cuando no se dispone de una cancha en buena y debida forma.
Se agrega que cuando se juega bien, más aun cuando se es profesional, se asiste a algo que se aparenta a un ballet con figuras acrobáticas atractivas que generan admiración, sobre todo al saberlas inalcanzables para nosotros mismos. A esto se suman conocimientos sobre el juego aparentemente sencillo y reglas fáciles.
El resultado de este coctel de características termina generando una suerte de fascinación por este deporte en muchos de nosotros que los gobiernos tratan de recuperar de alguna u otra manera.
Así por ejemplo, cuando organizan estos grandes eventos, intentan explotar el prestigio que contrae de ser la sede de este y el sentimiento identitario que despierta en la población. Algo similar ocurre cuando el equipo nacional se destaca ganando un torneo, copa o a un equipo adverso particularmente célebre.
Todas estas ocasiones proporcionan los ingredientes que facilitan el proceso identificativo con la nación en los certámenes internacionales: El himno patrio, la bandera, el sentimiento de superioridad que anima a los hombres, coincidiendo con aquel de los demás, detrás de la misma camiseta y por último la necesidad de celebrar juntos.
Los grandes eventos dan lugar al reforzamiento del sentimiento de pertenencia a la nación, siendo aun mayor en los países sedes de estos acontecimientos, así como en aquellos países cuyos equipos nacionales triunfan. Estas ocasiones los hacen pasar a ser parte de la memoria colectiva y de la Historia de la nación.
Este fenómeno ha ido en constante aumento hasta ahora, desde cuando los regímenes fascistas y nazis de los años 1930 aprovecharon sucesivamente la organización respectiva de la Copa del Mundo de Fútbol y los Juegos Olímpicos en Italia (1934) y Alemania (1936).
La instrumentalización política del fútbol no se ha limitado a la cuestión de la identidad nacional. Se ha extendido también a la búsqueda de la unidad nacional como lo hiciera Getulio Vargas en Brasil después de la Revolución de 1930.
Ha sido utilizada también por la dictadura militar en Argentina al intentar casar a la Junta con la selección nacional, con ocasión del desarrollo de la Copa del Mundo y el triunfo de esta última en ese país en 1978.
Generalmente la utilización política del fútbol ha sido típica de las dictaduras y gobiernos de derecha que agitan la identidad nacional avecinándose a la xenofobia. Un caso que vale la pena evocar es el de Francia, con resultados adversos.
Su selección nacional estos últimos decenios compuesta mayoritariamente por jugadores originarios de la colonización o de emigrantes de esos mismos países, hoy independientes, ha sido abiertamente atacada por la extrema derecha y probablemente poco apreciada por el resto de la reacción que coquetea con la xenofobia.
Dada la calidad del equipo y sus resultados, dos veces campeón del mundo y otra finalista, el proceso identitario ha funcionado al revés, es decir que la identidad nacional que se ha querido afianzar se ha ido asimilando a la del equipo nacional, es decir la diversidad de sus componentes.
Por último, aparece como altamente deseable que los resultados deportivos del equipo se repitan para seguir avanzando en esta dirección al mismo tiempo que observamos la esquizofrenia de los racistas patriotas al celebrar el triunfo del equipo nacional.
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