DEPORTE NACIONAL EXPRESION DE BARBARIE Y BRUTALIDAD PROPIA DEL FASCISMO

Diversas manifestaciones se han producido en Chile contra el rodeo y su supuesta condición de “deporte nacional”, considerando que, para cualquiera persona con un mínimo de sensibilidad, esto no es ni más ni menos que una expresión de barbarie cobardía y brutalidad como puede ser el hacer sufrir a un animal.
Un recuerdo personal:
En el Cerro Esperanza en Valparaíso, vecino al lugar donde viví siendo niño, hasta los años 60, había un buen número de corrales y terrenos baldíos donde concentraban los vacunos en espera de convertirse en huachalomos, filetes o chunchules en el Matadero Portales, situado en el plan, junto a la ruta entre el Puerto y Viña del Mar.
Esto daba lugar a que tanto los propietarios como los que trabajaban en el cuidado, mantención y traslado de las manadas eran grandes aficionados a ese folclor medio fulero y artificial personificado en huasos vestidos con esa especie de babero de colores, sombrero cordobés, botas y espuelas.
En lo alto del cerro Esperanza había una medialuna donde, en particular para las fiestas en torno al Dieciocho de septiembre, se reunían todos esos gallardos y coloridos jinetes, para practicar ese deporte nacional chileno que consiste en ablandar la carne del vacuno cuando este está todavía vivo y en pie.
Fue en una de esas ocasiones en que pude ver la brutalidad y la tortura que implicaba ese juego de imbéciles.
En una de las competencias y cuando uno de los novillos era aplastado contra las “quinchas”, el caballo de uno de los huasos le pisó la pata delantera a la víctima, cercenándosela prácticamente a la altura de la articulación.
El pobre animal fue retirado de la competencia y empujado hacia un corral anexo mientras iba rengueando y mugiendo lastimeramente de dolor.
Con la curiosidad mórbida que puede tener un niño de ocho años lo pude ver desde detrás de la palizada del corral.
La pata, sólo estaba sujeta al resto de la extremidad por algunos tendones y restos de piel, y se balanceaba sangrante cada vez que el pobre animal se desplazaba mugiendo desesperadamente como si pidiera ayuda.
Sus ojos estaban húmedos y con una expresión casi humana de tristeza e incomprensión que recuerdo hasta ahora.
Otra historia:
También siendo niño, tuve un amigo que luego, ya siendo adolescente, comenzó a manifestar su admiración por el nazismo para culminar, después del golpe de Estado de 1973, denunciando a sus vecinos y facilitando una camioneta para que los efectivos de la Armada trasladaran a sus prisioneros hasta los centros de detención y tortura.
Muchos años después, me enteré de que este mismo se había convertido en un activo huaso, miembro de uno de estos clubes de rodeo.
A partir de estos recuerdos y aunque sea subjetivo, lo que asumo, pienso que el placer por hacer sufrir y torturar a un ser indefenso, como puede ser un animal, aunque pretenda justificarse presentándose como “deporte nacional” o “folclor chileno”, no es más que la expresión del más abyecto fascismo.
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