¿QUIÉN FUE EL RECHAZADO?
Por Claudio Jedlicki

Es relativamente conocido, y no sólo reservado a expertos, que una consulta por referéndum o plebiscito genera en la mayoría del electorado, una respuesta que no contesta a la pregunta planteada, pero que sí manifiesta la aprobación o el desacuerdo que el votante tiene de la política gubernamental.
Que en este caso no haya sido el gobierno el consultante no altera la regla en razón de la orientación ideológica de la mayoría de la Convención Constitucional y del apoyo a esta del gobierno actual.
Recordemos algunos argumentos que pueden concurrir a dar asidero a lo postulado y explicar el triunfo del Rechazo.
Permítasenos antes de todo observar la coincidencia entre el 38% obtenido por el Apruebo y el 37% de popularidad del gobierno Boric estimado por la última encuesta del mes de agosto de la Cadem que, sea dicho de paso, se supone representativa de la totalidad de los electores y no sólo de aquellos que concurren a votar o se abstienen.
Si comparación y aun menos coincidencia no es razón, convengamos en que hay materia para sorprenderse y de alguna manera interrogarnos y hasta desafiarnos……
De los casi 13 millones de votantes, sólo algunos pocos miles habrán leído la propuesta y a lo más un par de millones habrá leído o escuchado algún análisis sobre sus principales contenidos en la prensa.
Muchísimos más algo se han “informado”; más acertado sería escribir desinformado, con algunas líneas leídas en las redes sociales, teniendo en cuenta que estas conexiones son escogidas y por lo tanto coincidentes con la orientación de cada cual.
En esas condiciones, son muy escasos los elementos para formarse un juicio que permitieron a unos y otros abarcar la profundidad de la propuesta que se les planteaba.
Si la voluntad de sancionar al gobierno era fuerte, esta falta de elementos de análisis sirvió para votar contra la opción que era asociada a este.
Es con respecto a esta última opción que debemos interrogarnos, sabiendo que es en las comunas y regiones donde votan los sectores más desfavorecidos que el rechazo se impone con márgenes consecuentes.
Pienso que el factor más importante de este descontento y la pérdida de adhesión popular desde la elección de Boric viene de la drástica aceleración de la inflación, cuyas causas objetivas escapan de mucho a la población y de la cual responsabilizan al gobierno.
Cabe señalar que la pérdida de poder de compra no solo no se acompaña de reajuste alguno, pero sí de medidas de restrictivas del gasto y de ausencia de compensación del deterioro del nivel de vida que los aflige.
Viene a sumarse a la situación de empobrecimiento que perciben, el tratamiento de la cuestión mapuche, la inseguridad que engendra la delincuencia y la llegada masiva de inmigrantes, de la cuales se responsabiliza al gobierno de turno, así como algunos desaciertos propios a la falta de preparación de los nuevos gobernantes.
Entre estas últimas, la más grave es la de haber minimizado las consecuencias del triunfo potencial del rechazo abriendo anticipadamente una alternativa de recambio para adoptar una nueva Constitución.
En este contexto de morosidad, nos parece una hipótesis explicativa factible y aceptable sostener que el descontento popular de una parte no despreciable de los sectores de bajos ingresos haya primado sobre otras consideraciones y se haya concretizado sumando su voto al rechazo de los sectores reaccionarios.
Estos últimos ideológicamente opuestos al gobierno Boric, sí veían además en la propuesta de la Convención la oportunidad que se abría para enmendar el rumbo del modelo neoliberal heredado de la dictadura del cual han podido continuar beneficiándose, a pesar de los más de treinta años que han transcurridos desde que Pinochet dejo de gobernar.
En todo caso preferimos optar por esta opción explicativa que confundirnos en la letanía de lamentos y el derrotismo que circulan en las redes que frecuentamos la gran mayoría de aquellos que hemos sido opositores de siempre al pinochetismo y a sus acólitos, sin conseguir explicarnos la disidencia de buena parte del voto popular.
Cierto es que los tiempos que vienen para nosotros no serán fáciles, ya el gobierno está concediendo casi todo lo que la oposición exige para dar paso a la solución de recambio, es decir una reforma “gatopardista”de la Constitución
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