DINERO EN UN SACO ROTO ES AUMENTO DE PRESUPUESTO PARA CARABINEROS, SIN AL MENOS UNA MÍNIMA REFORMA
A principios de octubre, nuestro querido, amado, joven y amarillo presidente anunció por cadena nacional para el próximo año, un aumento de 164 mil millones de pesos (+4,4%) para la rúbrica Orden Público y Seguridad, sin hacer referencia alguna a la refundación o, al menos, una reforma de Carabineros, tema que en un pasado no muy lejano fue cuestión de la que parecía ser un ardiente partidario.
Un poco de historia:
En 2014, cuando a pesar de ser parte ya de la clase política en tanto diputado, aún guardaba algo del joven rebelde y chascón de sus años de estudiantes, fue detenido durante una marcha de escolaresy denunciaba.
“Quiero poner en tela de juicio las formas de actuar que tiene Carabineros, como el agarrón a los testículos o el combo cortito en la guata. Esto le pasa cotidianamente a muchos manifestantes. No puede haber abuso policial. La violencia de Carabineros es inaceptable”.
Del mismo modo, durante el estallido social, tras la muerte del manifestante Abel Acuña, que sufrió un paro cardíaco, mientras Carabineros seguía lanzando gases cuando trataban de reanimarlo, Boric Gabriel declararía “Esta falta de criterio de criminal”.
En febrero de 2020, tras la muerte del malabarista Francisco Martínez, a manos de un sargento de Carabineros que le disparó varias veces a quemarropa, el mismo Boric de entonces declaraba indignado: “El brutal asesinato de Francisco debe indignar a todo Chile. No ya excusa ni explicación que valga. Basta. Refundar Carabineros ahora”.
Hasta la primera vuelta de la elección presidencial, Boric seguía siendo un declarado partidario de la refundación. Pero sin duda, debido al hecho de haber quedado en balotaje en minoría frente al candidato de la extrema derecha, José Antonio Kast, lo hizo entrar en razón y cayó en cuenta que estaba actuando como un verdadero extremista y arriesgando perder el voto de la gente de izquierdas, pero de buena familia.
Así fue como poco a poco comenzó a dejar de lado la idea de “refundación”, para transformarla en “reforma” y terminar olvidando todo esto para transformar su antiguo punto de vista en un verdadero amor pasional por Carabineros y por su actual director Ricardo Yañez, convirtiéndose así en rival de su ex ministra del Interior Izquia Sichez, situación que habría provocado, a término, la destitución de esta.
Fue sin duda resultado de este “flechazo” lo que lo llevó a hacerle un tal regalo y, como todo regalo este no podía ser condicionado.
Oficialmente se trata de aumentar la capacidad policial para resolver, entre otros, uno de los grandes problemas actuales de la sociedad chilena cual es el de la criminalidad organizada y la consecuente falta de seguridad para amplios sectores de la población.
El problema es que, en toda lógica, el aumento del presupuesto sin refundar o al menos reformar y aumentar el control sobre una institución corrupta que, hasta ahora ha sido incapaz de impedir el desarrollo exponencial del crimen organizado y el narcotráfico, significa echar todo ese dinero en un saco roto.
Si de exagerar se tratase y de verlo desde un punto de vista estrictamente funcional, para resolver, (por ejemplo) al problema del narcotráfico, resultaría quizás más barato y más práctico llegar a un acuerdo directo con las mafias que lo controlan.
De esta manera (siempre en un contexto estrictamente imaginario), se le pagaría directamente a los capos los montos que han sido desviados, por ejemplo, en el marco de casos como el “Pacogate”, o el “Pacoleak”. Al menos las cosas serían claras y se evitarían todos los gastos por concepto de investigación y procesos en justicia.
En cuanto al otro rubro de Carabineros cual es el de “Control del Orden público”, como se llama ahora a la represión, desde el punto de vista de las autoridades no habría cuestionamiento, pues no parece haber reparos en cuanto a su funcionamiento, dada la impunidad que persiste en cuanto a las violaciones de los derechos humanos cometidas a partir del estallido social y que persisten.
Por cierto, las bombas lacrimógenas, los perdigones, los “zorrillos” y otros “guanacos”, además del material para vigilar y espiar las actividades de las organizaciones sociales, esenciales para enfrentar futuras movilizaciones populares que, sin ser adivinos, se perfilan en un futuro muy próximo, son elementos que cuestan caros y que justifican el aumento del presupuesto.
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