Editorial

POCO A POCO, LOS RINOCERONTES VUELVEN A VIVIR ENTRE NOSOTROS

En 1959, el dramaturgo franco-rumano Eugenio Ionesco presentaba la obra teatral “Rinoceronte”, en la cual asociaba la aparición y el desarrollo de una ideología y un sistema dictatorial como el nacismo, tan brutal y estúpida como es la imagen que en general se asocia a la bestia en cuestión.
A lo largo de la obra, el asombro y el terror que provoca el ver, por primera vez, pasar un rinoceronte delante de la terraza de un café, en el centro de una ciudad, se va convirtiendo en un hábito, para culminar en la indiferencia, cuando todo el mundo se ha transformado en rinoceronte, incluso la propia novia de Beranguer, el protagonista la pieza teatral.
Difícil no asociar la metáfora que nos presenta Ionesco a través del llamado teatro del absurdo con lo que fue la aparición y el desarrollo del nacional-socialismo en Alemania de Hitler, de las pandillas de matones y asesinos de las SS y la de buena parte de todo un pueblo, otrora destacado por su cultura y entonces convertido en rinoceronte. (*)
Como toda verdadera obra de arte, la expresada en este caso por el dramaturgo franco-rumano es universal y trasciende a través del tiempo.
En 2017, en Estados Unidos, en aquel país que, sinceramente y sin ironía, algunos se empeñan en llamar “la mayor democracia del mundo”, contra todos los pronósticos y la lógica de una sociedad supuestamente bien educada, fue elegido Donald Trump que se presentaba así delante de la terraza del café que es el mundo, provocando la misma reacción que la bestia de la obra teatral.
Desde entonces y tal como algunos se empeñan en repetir en esos discursos idiotas al final de un banquete bien regado y cuando todos los comensales están por lo menos a medio filo: “mucha agua ha pasado bajo los puentes”.
Y los rinocerontes, de distintos tamaños e importancia han comenzado a manifestarse en distintas partes del mundo, a veces sin reparos, en su versión más simple, brutales y estúpidos, con el cuerno del totalitarismo en ristre y amenazante, como en los Estados Unidos de Trump, el Brasil de Bolsonaro, la Italia de Giorgia Meloni o en España de la bestia que va creciendo bajo la forma de VOX.
Pero también y son los más peligrosos, los que se presentan bajo la lana de blancas ovejas democráticas y que, con el objetivo de aplicar la dictadura del mercado y la finanza, se van despojando de ella y comienzan a mostrar su patas gruesas y duras con las que poco a poco van pisoteando la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Bestia paradójica es también esta que, como en el Israel del virtual y una vez más primer ministro Benjamín Netanyahu, nació, creció y se desarrolló entre los descendientes de los que ayer fueron víctimas de los rinocerontes de los años 30 y 40 del siglo pasado.
Esperemos que, sentados en nuestra terraza de café, un día no nos demos cuenta que todos, incluso nuestros más cercanos, también se han convertido en rinocerontes.
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(*) Hay unos cuantos que consideran que Ionesco también aludió al estalinismo. No nos pronunciamos para no ganarnos nuevos enemigos, como ocurrió cuando nos referimos a Putin y a la guerra en Ucrania

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