Chile

PONER AL PERRO A CUIDAR LONGANIZAS  (1ª parte)

“Poderoso señor es Don Dinero”

        Francisco de Quevedo

(1580-1645)

por Sergio Zamora

Si hay un consenso a nivel de los organismos internacionales, como las Naciones Unidas, la Unesco, o las ONG como Amnesty International, es el de la preocupación por uno de los grandes males del mundo moderno cual es la corrupción, es decir el obtener dinero o ventajas para sí o para su grupo  gracias al cargo o la función que se desempeña.
 Presente en diferentes grados en la casi totalidad de los países bajo forma de paraísos fiscales, sobornos o dobles comisiones, la lista es larga.
Si a la corrupción se agrega el dinero ilícito que proviene del tráfico de drogas, que representaría en 1990 el 10 % del PIB mundial, se crea un cuadro conflictivo y delictuoso del cual una vez que se entra, dada la enorme cantidad de dinero en juego, es muy difícil salir indemne.
En lo que concierne Chile, la lectura de dos libros entrega luces al respecto: La guerra de Harvey-Traición y corrupción en el Ejército de Chile, de Javier Rebolledo Escobar, ediciones Ceibo, Chile 2021, y La delgada línea blanca-Narcoterrorismo en Chile y Argentina, de Rodrigo de Castro y Juan Gasparini, Ediciones B grupo Z, Argentina, 2000.
En La guerra de Harvey, es posible descubrir no sin sorpresa y estupor, como al egresar de la Escuela Militar, el joven Rafael Harvey se verá confrontado al problema de la corrupción en el Ejército de Chile.
Esta es práctica corriente de oficiales superiores bajo forma de maletines con altas sumas de dinero en efectivo para el pago de actividades no contempladas en los presupuestos oficiales o robo de viáticos por falsas comisiones de servicio, entre otras actividades delictuales.
 Rafael Harvey, hijo, nieto y biznieto de militares, heredero de cinco generaciones de militares, fue aislado en el seno de su institución, y después de varios años de hostigamiento, dado de baja del ejército en 2018, por denunciar los hechos de corrupción.
Esta actitud de Harvey, por la que debería haber sido condecorado y puesto como ejemplo, afortunadamente no sólo le significó perjuicios, pues le hizo ganar la confianza de militares honestos que le hicieron conocer otros antecedentes que han permitido comprobar el grado de corrupción.
El libro de Javier Rebolledo viene a completar lo que denunció años antes el periodista Mauricio Weibel, quien en sus reportajes en 2015 y su libro; Traición a la patria, puso al conocimiento del público los actos financieros delictuales del Ejército conocido como el Milicogate.
 
El dinero proveniente de la Ley Reservada del Cobre, que otorgaba a las Fuerzas Armadas el 10% de las ventas del cobre efectuadas por Codelco, alimentaba un sistema de corrupción en el cual participaban numerosos oficiales y generales.
Este sistema de corrupción quedó al descubierto cuando uno de los beneficiarios de la estafa, el cabo Juan Carlos Cruz, perdió el equivalente de 5 millones de dólares jugando en el casino, si bien su sueldo era de apenas unos mil dólares por mes.
El libro de Javier Rebolledo narra con precisión y entrega elementos concretos que permiten evaluar la enorme dimensión de la situación delictiva que se manifiesta en el Ejército bajo forma de acciones ilícitas numerosas y variadas.
Entre estas, hay una que retiene la atención y merece ser analizado:
 El 20 de noviembre del 2018, en el Aula Magna de la Escuela Militar, ante novecientos oficiales de todo Chile, el comandante en jefe del ejército, Ricardo Martínez declaraba: “Tenemos información que hay oficiales del cuadro permanente que compran armas por la vía legal, que después las dan por perdidas, pero lo que están haciendo es venderlas a grupo de narcos, de delincuentes. De eso estamos hablando.”
Según Martínez, “la” forma de enfrentar la crisis era terminar con las fracturas internas e imponer un mandato fuerte. “Un ejército sin disciplina es una horda de gente muy peligrosa”, dijo.
También les habló sobre la crisis provocada por los múltiples desfalcos cometidos en la institución, sobre todo los llevado a cabo con fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre. “Los últimos siete meses para mí no han sido fáciles. Tener que enfrentar cada cosa… 
En este conjunto figura también el caso del Fondo de Ayuda Mutua, citado en el Milicogate y que se refiere a una fórmula creada en los años 1950 en la zona militar de la región de Aysén, por el que los uniformados depositaban dinero mensualmente, descontado por planilla, para poder retirarlo una vez que dejaran la institución. En 2006, se descubrió que los fondos de varios de militares habían desaparecido. El Ejército creó entonces una “fórmula solidaria” para resarcir dicha pérdida, consistente en pagos de viáticos por servicios no prestados.
En un momento Martínez se preguntó: “¿Es posible encontrar situaciones similares en otras instituciones? Respuesta, sí. Lo que pasa es que somos nosotros los que estamos siendo investigados”.
De los comentarios del comandante en jefe del Ejército es necesario destacar la venta de armas a los narcotráficantes. Como en una transacción de armas robadas es necesaria una situación de total confianza entre el vendedor y el comprador, es lícito preguntarse cuales son esos lazos y su dimensión.
 ¿Se trata de pequeños grupos en el ejército que se dedican a ese tráfico o cuenta con el beneplácito de instancias superiores? La otra afirmación que retiene la atención es cuando Martínez se pregunta si la situación del Ejército se encuentra en las otras instituciones, y la respuesta también es sí. Lo que significa que la situación delictual no es propia al Ejército, sino que a todas las Fuerzas Armadas.
Al final del libro, una lista, con fotos, de los más altos jefes del ejército, en proceso o condenados, ilustra el alto grado de corrupción, entre los cuales destaca de lejos el general Juan M. Fuente-Alba.
Como comandante en jefe del Ejército (2010-2014), Fuente-Alba instruyó para que 2.980.000.000 pesos, provenientes de los “gastos reservados” le fueran entregados en dinero efectivo sin que quedara registro contable.
El Ministerio Publico solicitó una condena de 15 años de cárcel contra el excomandante en jefe. En sí, la condena y la prisión de los generales implicados en la corrupción es un paso necesario, pero ello debe ser acompañado por la toma de conciencia del conjunto de la Fuerzas Armadas, y del conjunto de la sociedad chilena, que la corrupción es un verdadero enemigo de la sociedad y no puede ser tolerado.
En la grave crisis social y política que vive Chile, no faltan quienes han planteado la necesidad de un “gobierno fuerte” para poner fin al “caos” que significarían las jornadas que conoció Chile a partir de octubre 2019.
Gobierno fuerte que subentiende la presencia de un retorno de los militares al poder. Solución que, dado el nivel de corrupción del Ejército y de las Fuerzas Armadas sería, citando el dicho popular: “Poner al perro cuidando las longanizas”.
(Continuará)

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