QATAR – 2022

MUNDIAL DE FUTBOL 2022: UN DEPORTE POPULAR Y EL GRAN NEGOCIO PARA EL CAPITALISMO

El capitalismo ha hecho de los deportes en general y del fútbol en particular, un sistema más de enriquecimiento de las multinacionales que hoy, más que nunca, controlan lo que ellos califican como  »economía globalizada ».
En el caso de Qatar, país sede del actual Campeonato Mundial de Fútbol, desde hace más de diez años, importantes empresas ligadas a la construcción de infraestructuras deportivas, hotelerías, transportes, comunicaciones. cadenas de televisión y otros rubros, se han disputado para obtener jugosos contratos.
Esto ya ha sucedido durante otros campeonatos, y no solamente de fútbol. Pero en este pequeño país, sin ninguna tradición futbolística, la lógica del capitalismo, con sus excesos, llegó a extremos de lo absurdo.
Qatar es una creación del imperialismo británico, heredero, tal como Francia, a fines de la Primera Guerra Mundial en 1918, de los vestigios del antiguo Imperio Otomano.
Sus fronteras fueron fijadas a mediados de los años 1930, después del descubrimiento de los primeros yacimientos petrolíferos con el fin de asegurar el control, por parte de las compañías occidentales, de los hidrocarburos de la región. Para ello sólo bastó sobornar al clan de los al-Thani, dinastía que hasta hoy se mantiene en el poder y a la cabeza de un fondo de más 400 mil millones de euros.
Qatar obtuvo su independencia de Gran Bretaña solamente en 1973. Pero esto significó una simple modificación administrativa para los intereses de las potencias occidentales.
De tal manera, compañías petroleras como TOTAL, continúan hoy aprovechando de la explotación de nuevos pozos descubiertos, a lo que se agrega el posterior descubrimientes de importantes yacimientos de gas en aguas territoriales del país (off-shore).
Para la FIFA, organismo en el cual la ética está totalmente ausente, un campeonato mundial de fútbol, sea en Qatar o en otro país, es siempre una mina de oro.  La cantidad enorme de beneficios que representa un tal acontecimiento no escapa al fenómeno de corrupción entre sus componentes.
No es por nada que, el ex-presidente francés Nicolas Sarkozy y el ex internacional de fútbol del equipo de Francia Michel Platini, influyeron para que la sede de la Copa fuese atribuida a Qatar en lugar de Estados Unidos.
¿A que precio? No hay pruebas, pero sí fundadas sospechas, de que ambos personajes recibieron “regalos personales ».
De todas maneras, Qatar ha sido siempre un socio de primera importancia para empresas francesas como Marcel Dassault (aviones), Vinci, Eiffage, Bouygues, Saint Gobain (construcción y obras públicas), Accor (hotelería)  o Thales (electrónica y armamentos).
A pesar de que el emirato hizo surgir de las arenas del desierto, nuevas carreteras, una nueva ciudad y siete estadios que, sin duda, no servirán para nada después de la competición, no consiguió una capacidad hotelera suficiente para acoger a los aficionados, por lo que fue necesario un puente aéreo cotidiano para transportarlos diariamente entre Kuwait y Abou Dhabi.
Esto muestra una enorme contradicción en los momentos que dirigentes del mundo entero llaman a los pueblos a hacer sacrificios para reducir las emisiones de gaz a efecto de invernadero y así disminuir los efectos de los cambios climáticos que amenazan el planeta.
Para nada la FIFA tiene en cuenta estos elementos bien conocidos. Su justificación fue que  »esta vez había que dar la sede de la Copa a un país del mundo árabe ». Todo esto parece una broma cuando la realidad es que este organismo la  »vendió » a una petromonarquía donde las necesidades y el tren de vida de los qataríes son aseguradas por dos millones de trabajadores extranjeros venidos de la India, Nepal, Bangladesh, Philippines y de varios países árabes. Sus condiciones de trabajo pueden asemejarse a las de una esclavitud asalariada con ausencia total de libertad sindical y protección social.
Endeudados y amenazados de ser expulsados a la menor protesta, los obreros fueron obligados a trabajar bajo temperaturas superiores a 40°C, a veces hasta 12 horas al día. Son ellos los que contribuyeron a dar a Qatar la imagen de un país moderno, pero intolerante, donde los Derechos Humanos son violados sistemáticamente. En un país que se apoya en una práctica rigurosa del Islam para oprimir a la mujeres y perseguir a los homosexuales.
Organizaciones de derechos humanos solicitaron al Estado qatarí, a las federaciones de los países organizadores del mundial y a las empresas auspiciadoras, una compensación de 440 millones de dólares para los trabajadores migrantes que construyeron los estadios. Hasta ahora pocas federaciones y empresas han apoyado esta petición a pesar de que dicha suma es bien inferior alos 6000 millones de dólares que la FIFA esperaba ganar en este mundial.
Una encuesta del diario The Guardian de Inglaterra señala que más de 6500 obreros habrían muerto durante los últimos diez años.
Como lo escribió Karl Marx, el capitalismo nació sudando la sangre por todos sus  poros. La manera como se ha organizado esta Copa del Mundo en Qatar muestra que hoy es siempre el caso.

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