ALEXIS SANCHEZ Y NUESTRA CONCIENCIA POLITICA
por Julián Bastías

Hace unos cinco años, haciendo un recorrido por internet, me encontré con un llamado a una movilización pública en la Plaza Italia en Santiago, hecho por un grupo organizado probable y circunstancialmente, para protestar contra la entonces novia del futbolista internacional chileno Alexis Sánchez, culpable de hacerlo sufrir y perturbar así la calidad de su juego.
Meses más tarde, el llamado se repitió, entonces para que Alexis Sánchez se separara definitivamente, pues la baja en la calidad del juego del ídolo de aquel grupo estaba llegando a límites extremos.
Después de todo y pensándolo bien, llegamos a la conclusión que esta preocupación por el desempeño deportivo de nuestros ídolos no es algo nada extraordinario y que, muy por el contrario, concierne desde hace mucho tiempo a todos los sectores sociales.
Así, en los años de gran efervescencia política que fueron los sesenta y setenta, ocurría que cambiáramos nuestras reuniones políticas para poder ver los encuentros de la Copa Libertadores de América y así regocijarnos con las jugadas de Chamaco Valdés o Carlos Cassely..
Entre los años 1969 y 1973, siendo yo un activista campesino que luchaba por la recuperación de tierras usurpadas, me encontré a veces en reuniones de trabajadores, agrupados alrededor de una vieja radio a pilas, escuchando un partido de fútbol.
Esos compañeros se habían desplazado desde lejos y a menudo durante la noche. La mayoría lo hacía a pie, algunos pocos a caballo y no faltaba el que lo hacía en su flamante bicicleta decorada con calcomanías y con una bandera chilena y otra de su equipo favorito.
Esto no impedía que estos mismos compañeros, podía yo encontrarlos agrupados escuchando y aplaudiendo un discurso de Salvador Allande.
Una vez invité a dos dirigentes campesinos del Sindicato campesino Caupolicán de Cunco para que conocieran Santiago.
Como no disponíamos de mucho tiempo para la estadía en la capital, les sugerí algunas actividades precisas, como una visita al cerro Santa Lucia, un encuentro con pobladores de una toma de terrenos, o incluso una reunión con el mismísimo Don Clotario Blest, al que yo había prevenido.
Me respondieron que preferían asistir a un partido del Colo Colo. Pude darles en el gusto gracias a un tío que me regaló las entradas para el espectáculo nocturno, que les pareció inolvidable. « No nos van a creer los compañeros en el sur, después de esto, podemos ya morirnos. », comentaron después.
Esta fascinación por el futbol, no les impidió seguir ocupando fundos y participando en la Reforma Agraria.
En mi época de los primeros años de la U. de Concepción, siendo el segundo arquero de la selección de la Universidad, en algunos grupos de amigos miristas, se discutía seriamente si desde el punto de vista del marxismo leninista sería o no correcto que un guerrillero fuese también arquero de futbol.
Todo esto nos hace pensar que la conciencia política va mucho más allá que el deporte y otras actividades artísticas y culturales populares y, la realidad contemporánea, nos ha demostrado que estas pueden ser incorporadas de manera creativa.
Los murales, los cantos, los bailes y las marchas durante el estallido social fueron una muestra en este sentido.
Entonces, podría pensarse también que el futbol no necesariamente podría ser fuente de alienación o despolitización.
Para entender el conjunto de estos fenómenos, hay múltiples factores que deben considerarse, como son la época, el sector social, la fuerza de la tradición o de la fuerte presencia de algunos partidos políticos.
En general, puede verse que la conciencia política es muy permeable al acontecer y resulta ser más bien contextual y coyuntural.
Con el tiempo transcurrido y al cabo de tanta investigación producida sobre la historia de la lucha social en Chile, aparece casi como evidente el que habría una conciencia política bien diferente entre el campesinado, los pobladores y el proletariado urbano.
Sobre la base de documentos históricos, como lo es la película de Patricio Guzmán La Batalla de Chile, en la parte donde muestra gráficamente la cultura política de los trabajadores de los Cordones Industriales, se puede sostener que la conciencia política de la clase obrera sería màs profunda y duradera.
Según mi experiencia, en el campesinado y en los pobladores la toma de conciencia puede ser más abrupta y explosiva, pero no necesariamente más duradera. Obtenida la tierra para cultivar y el terreno para construir la casa, la conciencia política tiende a extinguirse.
He aquí un ejemplo: En uno de los fundos tomados más combativos en la región de Cautín, cuyos trabajadores se hacían llamar « Los Fidel Castro », cuando paso a ser reformado, los campesinos presentaron un proyecto a la CORA (Corporación de la Reforma agraria), para criar caballos de carrera, con el argumento que se ganaba más dinero.
Hace unos años, me encontré con un amigo campesino que había sido un gran líder de las tomas y ocupación de fundos y, durante unos días, estuve en su casa en los alrededores de Temuco.
Me sorprendió porque hablaba de su patrón con la misma admiración y lealtad que antes había tenido por el líder del Movimiento de izquierda revolucionaria (MIR) Luciano Cruz.
Era el mismo patrón del fundo cuya toma él había dirigido y el mismo al que había expulsado casi a punta de puntapiés e insultos.
Ahora, con emoción, decía que su querido patrón lo había perdonado y lo había reincorporado como administrador, reconociendo su experiencia en el conocimiento de la mentalidad de los inquilinos.
Por último y ya que hablamos de conciencia política, deberíamos referirnos también a aquella de la pequeña burguesía renegada y a la de los altos dirigentes sobrevivientes de la izquierda que se incorporaron a los sucesivos gobiernos de la Concertación.
Pero habría que tener el estómago bien afirmado.
Julián Bastías.
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