Chile

DE UN GABRIEL AL OTRO

El valor de una obra de arte, sea este una pintura, una escultura una pieza musical o un poema, se reconoce en su trascendencia y en su vigencia a través de los años o de los siglos.
Dicho de otra manera y por ejemplo, un poema épico, como La Iliada, escrito hace 28 siglos, sigue teniendo vigencia y su lectura provoca emoción, pues relata hechos que, aunque podrían ser particulares, en una región precisa como es la Grecia antigua, reflejan sentimientos, modos, maneras que podrían ser los de cualquiera época.
Nosotros, como chilenos, tenemos la suerte de tener grandes literatos y entre ellos, dos que se elevaron al más alto nivel de reconocimiento mundial como es el Premio Nobel.
Gabriela Mistral y Pablo Neruda coincidieron también en un rasgo común, como fue su sensibilidad y su compromiso social.
Pablo Neruda llegó a ser senador y en tanto militante del partido Comunista, en 1946 fue el jefe de la campaña presidencial del candidato del entonces ya a mal traer Frente Popular, Gabriel González Videla, el que finalmente resultaría electo presidente de la República.
Fue en aquel entonces que escribió unos versos que, por el desarrollo de los acontecimientos ulteriores, a saber, la persecución y proscripción del partido Comunista por parte de González Videla e, incluso el obligado y aventurado destierro del propio Neruda, han tratado de ser olvidados.
Estamos ahora en 2022. El presidente de la República también se llama Gabriel, electo en gran medida por la imagen de joven estudiante rebelde que supo proyectar y que, sin duda, debe figurar entre las razones del partido Comunista para participar en su gobierno.
Los versos de otrora podrían ser perfectamente sacados del olvido, reivindicados y puestos al día sin ningún cambio que, como ya dijimos antes, en tanto obra de arte trascienden el tiempo y la historia.


“Desde la arena hasta la altura
Desde el salitre a la espesura
El pueblo te llama Gabriel
Con sencillez y con dulzura
Como a un hermano, hermano fiel


Con el desarrollo de los acontecimientos y luego que González Videla mostrara su verdadera identidad de sumisión a los intereses de los poderosos de Chile y del extranjero, Neruda habría de escribir otros versos, entre los cuales uno contenido en el capítulo quinto “La arena traicionada”, del Canto General, particularmente violento, terrible y condenatorio:


“Todo lo ha traicionado.
Subió como una rata a los hombros del pueblo
y desde allí, royendo la bandera sagrada
de mi país, ondula su cola roedora
diciendo al hacendado, al extranjero, dueño
del subsuelo de Chile: «Bebed toda la sangre
de este pueblo, yo soy el mayordomo
de los suplicios.”


Con la fuerza de su talento y su capacidad para darle a sus palabras toda la fuerza, la emoción y el carácter para ponerlas más allá del tiempo y las circunstancias, Pablo Neruda se refería evidentemente a Gabriel González Videla.

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