¿El Sur, una moneda nueva para América del Sur?
por Claudio Jedlicki

El inicio de los estudios para la creación del SUR, una nueva moneda común para América Latina, fue anunciado por los presidente de Brasil y Argentina durante la VII Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebrada en Buenos Aires el 24 de enero recién pasado.
Esta iniciativa que, en un comienzo implicaría a ambos países, quedaría luego abierta al resto de América Latina, comenzando primero con los otros socios del Mercosur, Uruguay y Paraguay.
Antes de analizar esta iniciativa permítasenos recordar aquí lo que se entiende en economía por moneda, a saber, un instrumento de pago que circula en un territorio determinado y que debe responder a tres objetivos:
– Interponerse en las transacciones, (substituyéndose al troque y liberando al que paga deudas y otras obligaciones);
– constituir una reserva de valor (transferir en el tiempo un poder de compra);
– ser una unidad de cuenta (estándar de medición del valor de lo que se intercambia y de lo que se posee).
La moneda puede tomar formas diferentes:
Fiduciaria: cuando tiene un soporte físico o material, caso de las piezas de monedas y de los billetes emitidos por el Banco Central que dispone del monopolio.
Escriptural, es decir escrita, en los registros contables de un banco comercial a nombre de sus clientes, donde se repercuten las operaciones vehiculadas, por cheques, giros, tarjetas de créditos y otros medios de pagos numéricos. En su creación además del Banco Central participan los bancos comerciales.
En lo que respecta a la proposición argentino/brasileña es difícil pronunciarse en la medida que lo anunciado no va más mucho allá del anuncio de la intencionalidad compartida.
Al anuncio de los presidentes se han agregado numerosas especulaciones periodísticas y de expertos. Incluso han habido declaraciones posteriores de personeros de ambos gobiernos, sobre todo de Brasil e, incluso del mismo “pequeño Lula”, tendentes a calmar los entusiasmos, lo que no es sorprendente, tanto el camino por recorrer está sembrado de dificultades………
Cabe precisar que los mandatarios hicieron referencia a una moneda común, es decir que no se destina a substituirse a las monedas nacionales existentes. Si así fuese se estaría hablando de moneda única, como ocurre con los 20 países de la Zona Euro. Esta sería utilizada solo en las transacciones comerciales entre los dos países.
Se observa así que no se trata de una moneda plena, ya que no responde al conjunto de características que definen una moneda como las descritas más arriba.
Sin embargo, aun así, el objetivo de la creación de una moneda parcial, parece lejos de alcance. ¿Porque? Las estabilidades económicas y financieras entre ambos son diametralmente opuestas sin olvidar la dimensional.
Con más de 4 veces la población de Argentina y más de 3 el PIB, Brasil impone a una superioridad indiscutible en la correlación de fuerzas, implicando que más que de convergencias, se trata de un alineamiento con Brasil.
Este último tuvo en 2022 , 5,9% de inflación y 330 000 millones de dólares de reservas internacionales contra 94,8% y solo 10 000 millones en Argentina respectivamente.
En los últimos diez años, el dólar subió 67% frente al real, mientras que el aumento frente al peso argentino fue de 3.662%. Aunque no se ha adelantado nada de cómo se fijaría el valor de esta moneda común, el peso relativo de Brasil, no solo respecto a Argentina, sino de toda Sudamérica, sugiere que esta debería aparentarse más al real que a cualquier otra.
Por lo tanto se requiere que la otra moneda, o las otras más tarde, presenten performances que tiendan a alinearse con los de Brasil, condición indispensable, no solo para asegurar la estabilidad, sino que también para que el Banco Central de Brasil, acepte el dispositivo.
Sin esto el real tendría a devaluarse. En suma, ni a mediano, ni corto plazo hay viabilidad alguna para que Argentina converja suficientemente como para contar con una moneda común.
¿En estas condiciones existe algún espacio para un tipo de acuerdo monetario factible? Teóricamente, un sistema compensatorio inspirado, pero adaptado a la región, al que presentara Keynes en 1944 en Bretton Woods, alternativo al plan White que fue el adoptado consagrando al dólar como moneda internacional, nos parecería alcanzable.
Previo a su presentación, subrayemos el privilegio inmenso que se otorgó a los EEUU: Todo otro país debe “ganar” una cantidad de dólares equivalente al monto de su comercio internacional para poder intercambiar mercancías con terceros.
Mientras a los EEUU solo les basta con emitirlos, es decir nada. Los otros deben ceder un equivalente en mercancías o activos. Cierto, la contrapartida era la convertibilidad del dólar en oro según lo estipulaban los acuerdos de 1944, pero esta cláusula fue caducada unilateralmente por EEUU el 15 de agosto de 1971.
El sistema imaginado aquí como ejemplo, consistiría en un registro del comercio mutuo de manera tal que los montos de los intercambios comerciales se compensarían en un plazo corto gracias al uso de swaps de sus monedas nacionales respectivas.
Los saldos no compensados darían ocasión a pagos en dólares, pero con sanciones financieras más allá de 10% de déficit o de excedente, a fin de incitar la búsqueda de intercambios equilibrados como objetivo.
El pago de los saldos se operaria a partir de un fondo de compensación financiado con partes de las reservas internacionales a las cuales el sistema de compensación tendría acceso. Para concluir, el problema principal en las relaciones económicas entre los países del Mercosur y sudamericanos es la falta de confianza recíproca, las rivalidades y la falta de conciencia unitaria.
El Mercosur cumple 32 años en marzo próximo sin siquiera ser una zona de libre cambio acabada, tampoco una unión aduanera(segunda etapa de un proceso integrador), ni menos aun un mercado común, para no hablar de las otras etapas superiores, una unión económica y financiera y finalmente una unión monetaria. Entonces, la declaración conjunta de “pequeño Lula” y Fernandez se asemeja a una voluntad más de relanzar las relaciones entre los dos países que a un objetivo de un proceso integrador que va en serio.
Esto es más complicado que jugar al futbol. Si pudieran poner el mismo entusiasmo…….
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