NERUDA FUE ENVENENADO Y LA DICTADURA INVENTÓ LA FÁBULA DEL CÁNCER, TAL COMO LA DEL SUICIDIO DE ALLENDE

La versión oficial sobre la muerte de Pablo Neruda, once días después del golpe de Estado de 1973, que señalaba se debió a un estado de desnutrición (caquexia) por efecto del cáncer a la próstata que lo afectaba fue, tal como aquella sobre el “suicidio” de Allende, aceptada por muchos, que tendrían sus razones, hasta ahora, cuando salieron a luz pruebas claras que indican que el poeta fue envenenado.
Con un mínimo de sentido común es fácil imaginar que en la investigación de una muerte que suscita sospechas, una de las primeras pistas apuntará a aquel o a aquellos que resulten beneficiados con la desaparición de la víctima.
En septiembre de 1973, luego de perpetrado el golpe militar, una vez Allende asesinado, con la totalidad de los partidos de izquierda desarticulados y con sus líderes eliminados, por su compromiso político y su gran prestigio internacional, Neruda aparecía como una figura de primer orden para encabezar la lucha y la resistencia contra la dictadura que se iniciaba.
El poeta había recibido una solidaria invitación del gobierno de México para refugiarse en aquel país y, en momentos en que preparaba su viaje, afectado profundamente por la situación en el país y las humillaciones sufridas de manos de los militares, viajó desde Isla Negra hasta la Clínica Santa María, en Santiago, donde pensó podría estar más protegido.
Al día siguiente de su llegada a la clínica, Pablo Neruda pidió a su chofer, Manuel Araya y a su esposa Matilde, viajasen de vuelta a la casa de Isla Negra para recoger unas maletas con ropa y algunos libros.
Encontrándose en la casa, Araya y Matilde recibieron un mensaje de Neruda, enviado a través de la empleada de una hostería vecina, pues el teléfono de la residencia de Isla Negra había sido cortado. El mensaje decía que el poeta pedía a Araya y a su esposa que volvieran con urgencia a la clínica pues lo habían inyectado en el estómago mientras estaba semi dormido.
En una entrevista, tiempo después, Araya recordó que al llegar a la clínica, vio al poeta febril y con el rostro enrojecido y congestionado. “Me pusieron una inyección en el estómago y siento que me estoy quemando por dentro”, le habría dicho.
Manuel Araya salió después de la clínica, siendo baleado en una pierna y detenido por desconocidos que lo dejaron en una comisaría, para ser luego llevado al Estadio Nacional, donde fue torturado y mantenido detenido durante 45 días, siendo luego constantemente perseguido y hostigado por la Dictadura.
Uno de sus hermanos fue desaparecido en marzo de 1976 y el secretario personal de Neruda, Homero Arce, también amigo suyo, fue asesinado en enero de 1977.
Desde entonces, Manuel Araya emprendió una verdadera cruzada para que todos los antecedentes de que disponía fuesen investigados para determinar en forma precisa las causas que provocaron la muerte de Pablo Neruda.
En 2011, en una entrevista a Araya, hecha por el periodista Francisco Marín y publicada en la revista mexicana Proceso, del 8 de mayo de ese año, se afirmaba con respaldo de numerosos antecedentes, que el poeta había sido asesinado, frente a lo cual las autoridades chilenas no tuvieron otra alternativa que volver a abrir el caso.
Resultado de estos mismo nuevos elementos, el partido Comunista chileno se hizo parte del proceso, presentado una querella por asesinato.
En 2013, el juez Mario Carroza que investigaba diversos casos relacionados con violaciones de los derechos humanos, ordenó la exhumación del cadáver del poeta para ser examinado por un equipo de especialistas canadienses, chilenos y daneses.
El informe entregado por el equipo señaló que no se habían encontrado elementos que permitieran afirmar que la muerte fuese resultado de la acción de terceros, pero se omitió señalar una de las consideraciones del estudio que indicaba que, gracias a eventuales avances científicos ulteriores, dicha afirmación podría ser modificada.
No obstante, este informe no se refirió a lo señalado oficialmente por la Dictadura en 1973, indicando que la muerte había sido resultado de una “caquexia”, desnutrición severa con gran pérdida de peso y masa muscular, resultado del cáncer, lo que había sido desmentido por numerosos testigos visuales e incluso fotografías de Pablo Neruda, poco después de su fallecimiento en la clínica Santa María.
Reunidos nuevamente en 2017, los peritos señalaron haber encontrado en los restos del poeta la presencia de bacterias del tipo estafilococo dorado y una alta cantidad de clostridium botulinum, precisando sin embargo que quedaba por establecer si dicha presencia era debida a causas naturales o por efecto de una acción exterior.
Curiosamente (o no), en 2019, durante el gobierno de Sebastián Piñera, el trabajo del equipo científico estuvo a punto de ser suspendido por falta de recursos, situación que impedía incluso el pago a los laboratorios.
“Ahí estamos parados y detenidos por culpa del ministerio del Interior que no ha asumido su verdadero compromiso político y monetario”, había denunciado en el momento Ricardo Reyes, sobrino del poeta y abogado en la causa.
El informe sobre el peritaje fue entregado a mediados de este mes de febrero a la jueza Paola Plaza, entrando así en una etapa de “estudio y revisión”, según precisó la magistrada, por lo que las conclusiones y el informe oficial al respecto sólo serán entregados al cabo de este proceso.
En conferencia de prensa ofrecida en la sede del Colegio de Periodistas, el escritor y periodista Francisco Marín y el chofer y amigo de Pablo Neruda, Manuel Araya, ambos verdaderos apóstoles en la búsqueda de la verdad sobre la muerte del poeta comentaron y analizaron el informe entregado por el equipo de expertos.
Tanto Marín como Araya reiteraron una vez mas las afirmaciones que desde años no han cesado de repetir, convencidos de que el 23 de septiembre de 1973, el poeta Pablo Neruda, Premio Nobel de Literatura, fue asesinado.
¿Quién y quiénes tenían interés en eliminarlo definitivamente?
Que cada cual saque sus conclusiones. No es muy difícil
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