LOS MAYORES RESPONSABLES DE LOS INCENDIOS FORESTALES NO SON LOS QUE SE USAN LOS FÓSFOROS

A propósito del evidente impacto que han provocado los incendios en la zona sur de Chile y antes en Viña del Mar, se ha insistido en que han sido provocados por acción humana, lo que puede ser verdad, pero para los que somos muy mal pensados, esta afirmación es parcial y busca desviar la atención para ocultar y dejar impunes a los verdaderos responsables.
Decir así a secas, lo de “responsabilidad humana”, lleva casi por reflejo al común de los mortales, que son la base de la llamada opinión pública, a pensar en el pirómano chiflado o, lo que es mucho más grave y, en un contexto de constante criminalización de las reivindicaciones del pueblo mapuche, a deducir que son el resultado de acciones terroristas.
Con justa razón, se puede decir que la decisión del gobierno de implementar el toque de queda, en regiones del Maule, Bío-Bío y la Araucanía, es decir una medida estrictamente represiva y que había sido solicitada por los empresarios, considera que se trata sólo de una cuestión de orden público, ignorando ir al fondo del asunto.
Con esta explicación del hecho intencional directo, fácil de comprender por cualquier hijo de vecino, se oculta así los intereses económicos que están detrás y que, tal como lo demuestran numerosos informes, son en el origen los verdaderos pirómanos.
Como consecuencia de su ambición sin límites y el amparo de una legislación elaborada por la Dictadura y renovada sin parar por los gobiernos que la sucedieron, son las grandes empresas forestales, encabezadas por grupos como Matte y Angelini, los que están destruyendo el país.
Según el proyecto diseñado por los Chicago Boys e implementado por la Dictadura cívico-militar, la economía chilena fue trasformada de punta a cabo, dejando de lado el modelo de desarrollo industrial impulsado a partir de la creación de la Corfo, el que fue remplazado por uno de explotación de materias primas, mineras, forestales y agrícolas para la exportación.
Siempre, dentro del contexto de economía liberal impuesto, es decir sin otro control ni regulación que la del mercado , la ambición de acumulación de riquezas por parte de los grandes intereses, como son en lo forestal los grupos Matte y Angelini, les dejó a estos las manos libres para destruir el medio ambiente con el consecuente perjuicio para las personas.
Para explicar esta situación, tenemos que remontar a los primeros años de la Dictadura militar, en 1974, cuando siendo ministro Fernando Léniz, ex director del diario El Mercurio y y ex gerente de la Compañía manufacturera de papeles y cartones (CMPP), del grupo Matte (pura casualidad), se firmó el decreto ley 701 (DFL 701).
La implementación de este decreto estuvo a cargo ni más ni menos que por Enrique Ponce Lerou, implicado directo después en el escándalo SOQUIMICH, el que entonces fungía como director de CORFO y como yerno del propio Pinochet.
Este DFL701 establecía una bonificación de un 75% por parte del Estado, para la plantación de pinos insignes y eucaliptus, ambas especies que por su rápido crecimiento permiten una muy pronta rentabilidad.
Cuestión secundaria cuando de aumentar la riqueza se trata, fue la destrucción y substitución de los bosques nativos y la sequía provocada por la inmensa necesidad de agua de las dos especies favorecidas, con las consecuencias fáciles de imaginar para las comunidades campesinas mapuches, dependientes para su supervivencia de pequeños predios agrícolas.
Según la explicación de ingenieros forestales, en una plantación de pinos, todos tienen la misma edad y durante su etapa de crecimiento necesitan todos grandes cantidades de agua.
En el caso del bosque nativo, compuesta por una gran variedad de especies, con diversas necesidades hídricas y con distintas edades, la absorción de agua se hace según las necesidades de cada una y su regulación resulta naturalmente.
Por otra parte, dentro de proceso de explotación forestal, del tratamiento de la madera en bruto obtenida de las plantaciones resultan toneladas de desechos resinosos, que en un contexto de sequía y de altas temperaturas resultado de desarreglo climático, liberan en el medio ambiente una mezcla altamente combustible, factor primero de los incendios.
Como ocurrió en numerosos otros sectores, la llamada transición hacia la democracia no significó en absoluto el término de este sistema de destrucción del bosque nativo y del medio ambiente implementada por la Dictadura. Bien por el contrario.
El gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle dictaminó una prórroga por 15 años para la vigencia del DFL701, agregando un efecto retroactivo hasta enero de 1996 y un beneficio para los pequeños y medianos productores.
Entre estos, “gente linda”, como Gabriela Luksic, hermana de Andrónico, el ex dueño de los supermercados Líder, Felipe Ibañez, Stephan Krause, director de Cencosud y Patricio Philips, vinculado a Ponce Lerou en los llamados negocios cascadas.
En el primer gobierno de Piñera, el DFL701 fue renovado por 2 años, antes de enviar al Congreso un proyecto para prolongarlo por otros 20. Durante el gobierno de Bachelet este estuvo sólo postergado durante el llamado escándalo del Confort, colusión fraudulenta en la que estuvo involucrado el grupo Matte.
Frente a la emergencia que se estaba viviendo ahora en el sur del país, Boric, que viajó a la zona, ocasión en la que aprovechó para sacarse fotos con los damnificados, había de declarar en conferencia de prensa estar abierto “a largo plazo” para discutir una nueva regulación para las empresas forestales.
A pesar de lo ambiguo y insípido de esta declaración, los empresarios forestales manifestaron no estar dispuestos a ningún tipo de regulación o control al plazo que fuese e hicieron hincapié en que sin el concurso de los medios materiales, aéreos y terrestres de que ellos disponen, la emergencia que se estaba viviendo con los incendios no habría podido ser controlada.
Como es obvio, de ninguna manera asumieron el hecho demostrado en múltiples instancias de que son ellos mismos los responsables de los siniestros, mientras el gobierno, como en otros casos, se refugiaba en el tiempo para tratar de dejar contento a todo el mundo y se quedaba “en saltos y pedos”, sin ir a buscar la solución en el fondo del problema.
Hasta el próximo incendio, cuando se haya quemado lo que queda del país.
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