Ganaron los fachos … !
Si yo fuese un facho, no cualquiera, uno de verdad, de esos que consideran que los criminales de Punta Peuco son héroes incomprendidos, que dicen de las víctimas de la dictadura “oiga pué, pero si se lo merecieeeeeron”, que no dicen Pinochet sino “mi general”, que tienen departamento en Vitacura y casa en Zapallar y que van a votar por Kast porque piensan que Sichel se ha puesto comunista, estaría celebrando con champaña los acontecimientos de sábado en Iquique.
El pasado sábado 25 de septiembre, una turba convocada con el pretexto de protestar contra la inmigración ilegal, las emprendió contra expatriados venezolanos, hombres, mujeres, niños y bebés, los agredieron y les destruyeron y quemaron los pobres enseres que había conseguido rescatar después de ser desalojado de una plaza por el glorioso cuerpo de Carabineros.
Si fuese un facho, incluso con el mínimo de neuronas reglamentarias para diferenciarme de un primate,” habría comprendido la gran victoria evidenciada ese día, habría levantado mi copa y habría dicho: “Salud »
No porque Kast o algunos de sus secuaces hubiese ganado una elección o alcanzado un puesto de poder.
No, mucho peor. Porque lo que evidenciaron esos actos es que los que participaron en la turba, quizás sin darse cuenta ni tener conciencia, ya hicieron suyas las ideas, los modos, y los fundamentos de los fachos, de los verdaderos, como los que señalaba antes.
No sólo es ridículo, sino absurdo, patético e incluso criminal, la actitud de gente que siendo ellos mismos y de todas maneras, inmigrantes, hijos o nietos de inmigrantes, ataquen a los que como ellos, sus padres o sus abuelos, partieron de sus tierras de origen para buscar sobrevivir o encontrar mejores condiciones de vida en otro lugar.
He allí entonces la gran victoria de fascismo y sus líderes: el haber inoculado a esa pobre gente el virus del odio del cual se alimentan para multiplicarse y convertirlos así en bestias desprovistas del sentimiento de solidaridad y de empatía, propio y natural de los seres humanos.
Por ahí en las redes sociales he visto muchos que expresan “en tanto chilenos, su vergüenza por lo ocurrido”. Si la vergüenza es lo que corresponde, debe ser en tanto ser humano que es lo común que nos identifica más allá de absurdos pasaportes, estúpidas fronteras y ridículas banderas.
Afortunadamente todavía quedan héroes, de los buenos, de esos que no se jactan y que no tienen estatuas y que nos dan fuerzas para seguir peleando por siempre contra el fascismo, su odio, su cobardía.
Son todas aquellas personas y familias también de Iquique, que naturalmente, sin aspavientos, ofrecieron una ayuda, un techo y una protección a aquellos venezolanos, hermanos latinoamericanos tratados como parias.
Todos ellos y todas ellas nos alimentan la esperanza, como la alimentaron todos aquellos que hace varias décadas, en Francia, Italia, Alemania, Suecia, México, Costa Rica, como en Venezuela y tantos otros países, no nos preguntaron si éramos legales, no nos agredieron, no quemaron nuestros bultos y que, por el contrario, nos ofrecieron todo lo mucho o poco que podían, a nosotros, inmigrantes, forasteros, extranjeros. Ccmo los pobres venezolanos de Iquique.
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