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PACOS CON SUERTE Y PACOS QUE NO LA TIENEN

Foto: Amnesty International

El General Director de Carabineros de Chile, Ricardo Yáñez, es un tipo que goza de una suerte que difícilmente podrá encontrarse en otra persona en todo el país e incluso quizás hasta en el mundo entero.
 Dicho de manera más familiar, para que todos me entiendan y, sin riesgo que me echen de la pega como le ocurrió a una colega en Santiago, este Paco Mayor, jefe de todos los pacos de Chile, tiene lo que llamaríamos una “tremenda cuea”.
Dotado de tal cualidad, podría comprarse todos los boletos de todas las loterías, pollas de beneficencia, pollas gol o kinos que existen en el país. Y seguro que se los ganaba todos.
Esto lo pondría a salvo de caer en una tentación que forma parte de la tradición del glorioso cuerpo policial chileno, cual es el que los altos jefes metan las manos en la caja de la institución.
En cuestión de suerte, es evidente que esta no le toda a todos por igual y que siempre tendrán más los que están más arriba en cuanto a riqueza, rango social y político o grado militar.
En razón de su grado en Carabineros, el pobre cabo primero Alex Salazar de Concepción, tenía la escasa suerte que le correspondía y en tales circunstancias perdió la vida en un operativo nada más banal, todo el resto de esta fue en consecuencia a parar al más alto nivel de la jerarquía.
Cuestionado seriamente por su responsabilidad por las graves violaciones de los derechos humanos durante la revuelta social de 2019 y después de haberse hecho el sordo frente a las repetidas convocatorias de la justicia, el director general de Carabineros, Ricardo Yañez debía presentarse ante la fiscal Ximena Chong, unos días después de la muerte del cabo Salazar.
Mostrando frente a las cámaras, todo el agobio, la pena, la aflicción y el dolor por haber perdido a un miembro de la institución, Yáñez llegó ante la fiscal.
Esta última, que a pesar de que los jefes de los pacos que han sido procesados dicen que es “comunista” y que les tiene mala, viendo la pena del pobre Yáñez, aceptó que este recurriese a su derecho a no declarar y eludiese así una vez más la acción de la justicia.
Sabiéndose así protegido por la fortuna y en el contexto de la conmoción que provocó la muerte del cabo Salazar en Concepción, sentimiento al que la derecha, los medios y el propio Yáñez contribuyeron generosamente, este último se manifestó en términos en el límite de la sedición.
Interpelando al Parlamento, Yáñez llamó, ni más ni menos, a que se permitiera a sus subordinados el poder actuar sin tener que rendir cuentas a las autoridades políticas o judiciales.
Esta actitud que, en cualquier país serio y con autoridades respetables, le hubiese significado, en el peor de los casos, la renuncia inmediata a su cargo, no fue más allá de una u otra explicación que, por supuesto, no se las creyó nadie, pero que todos aceptaron.
Cuestión de suerte y circunstancias, porque apenado como estaba el pobre Yáñez, más encima no lo iban a sancionar.
Así quedó flotando en el ambiente la brillante idea de que los pacos tuviesen “chipe libre” para actuar como se les ocurriese sin darle cuentas ni a Dios ni al Diablo.
Fue entonces que una vez más entró a jugar la mala suerte para uno de los de abajo, en este caso una, lo que indirectamente favoreció a la más alta jerarquía, anulando la polémica que había provocado poco antes y transformándola en consenso.
El 26 de marzo último, en la localidad de El Belloto, en la región de Valparaíso, la sargento Rita Olivares murió baleada cuando intervenía atendiendo una denuncia por robo en una casa del sector.
Las condiciones en que se llevó a cabo el operativo en que la funcionaria perdió la vida y las características de este, plantearía numerosas interrogantes, sobre todo frente a los rumores de vecinos del sector y la declaración de uno de los implicados, en el sentido que se trataría del intento de robo con violencia de un cargamento de droga entre traficantes (una “mexicana”).
Este hecho, que fue formalmente desmentido por la fiscal que investiga el caso y calificado como un falso rumor difundido a través de las redes sociales (Fake new), de ser efectivo, cuestionaría seriamente las condiciones en que se efectuó el operativo policial frente a un hecho relacionado con el narcotráfico y particularmente peligroso.
La conmoción acumulada por la muerte de dos policías en pocas semanas, bastó para que toda la clase política casi unánimemente se precipitara a votar, sin la imprescindible reflexión, una ley que en su espíritu coincidía con la proposición que había sugerido poco antes el mandamás de Carabineros y que muchos de los que la votaron la habían condenado.
El asesinato de un tercer policía en Santiago a mediados de abril habría de servir para desmerecer a todos los que han denunciado el peligro para la sociedad y la democracia la llamada Ley Nain-Retamal o “De gatillo fácil”, como ha sido denominada popularmente.
En la repartija de la suerte, hay pacos que no la tienen hasta el punto de perder la vida y otros que la tienen toda.

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