EL 11 DE MAYO DE 1983, EN CONDICIONES MIL VECES MÁS DIFÍCILES, EL PUEBLO CHILENO SUPO REACTIVAR LA LLAMA DE LA RESISTENCIA

Hoy, en un momento particularmente crítico, con un gobierno “progresista” completamente paralizado y al garete frente a una derecha y extrema derecha a la cual este le ha ido cediendo terreno, resulta vital el volver 40 años atrás para inspirarse en una acción de resistencia que se llevó a cabo en condiciones inmensamente más difíciles que las actuales.
Como ocurre a menudo en tales situaciones, en un contexto creciente de tensión social, un solo hecho provocó la chispa que generó la explosión y, a partir de ese momento, sea cual fuese la reacción adversa, la situación ya no volvió a ser la misma.
En mayo de 1983, después de diez años en el poder, la Dictadura cívico militar no sólo tenía a su haber un trágico saldo de torturados, asesinados, desaparecidos, exiliados y perseguidos.
En ese momento, los chilenos también aparecían condenados a sufrir si poder reaccionar, los rigores del “moderno” modelo económico de los Chicago Boys y que aún permanece vigente.
Este sistema había sido consagrado por la Constitución elaborada en 1980, por un equipo de “expertos” designados por un poder ilegítimo y en un proceso antidemocrático, tal como se está desarrollando actualmente lo que se llamó “El Acuerdo por Chile” o “Acuerdo de la infamia” como pasó a ser conocido.
En lo concreto, esto se traducía en un índice de cesantía de un 35% por ciento con las consecuentes condiciones de vida insostenibles, en la persecución de los sindicatos y en la destrucción de todo el sistema solidario y de protección social a través de la privatización de la educación, la salud y las pensiones.
Fue en ese contexto que, en su congreso del 21 de abril de 1983, la Confederación de Trabajadores del Cobre llamó a un paro nacional para el día 11 de mayo, contando con el apoyo de la Coordinadora Nacional Sindical y la Federación de Sindicatos del Petróleo.
No obstante, lo que le dio fuerza e importancia a la acción fue la inmediata y masiva respuesta de parte de organizaciones que se habían estructurado de manera clandestina o abierta, en el plano sindical, estudiantil, de pobladores o simplemente para enfrentar solidariamente las terribles consecuencias del modelo económico.
En tales condiciones se habían creado organizaciones sociales y sindicales como la Coordinadora Nacional Sindical, el Frente Unitario de Trabajadores, la Confederación de Trabajadores del Cobre, la Federación de Sindicatos del Petróleo o el Colectivo de los Derechos Humanos, dirigido este por el histórico dirigente Clotario Blest.
En las poblaciones, la organización de ollas comunes para asistir a los más necesitados, de asociaciones de compra de artículos esenciales, el desarrollo de huertos vecinales o panaderías populares, crearon un tejido social, un sistema económico paralelo y una conciencia solidaria que se manifestó en ese momento y mostró su persistencia incluso durante el estallido social de 2019.
Las organizaciones de mujeres que, frente a los efectos de la violenta represión habían asumido una participación en primera línea en estructuras de defensa de los Derechos Humanos y de víctimas de la Dictadura, además de convertirse en jefes de hogar, volvieron a manifestarse masivamente después de la gran movilización del 8 de marzo de ese mismo año.
La acción se desarrolló incluso al interior de los campos de concentración y las cárceles, donde a pesar de las represalias que debían sufrir, hubo presos políticos que iniciaron ayunos colectivos como participación en el paro.
Durante la jornada del día 11 de mayo, la situación en apariencia se vio normal y el movimiento se manifestó en la no concurrencia a sus faenas de trabajadores del cobre y de otros sectores y, en asambleas en las universidades y en algunas industrias.
Fue al caer la tarde que quedó en evidencia la amplitud del movimiento cuando a lo largo del país comenzó a escucharse el ruido de los caceroleos y los bocinazos de los vehículos.
La Dictadura, que pareció en un primer momento haber sido tomada por sorpresa, reaccionó luego violentamente, procediendo a allanamientos en importantes sectores populares para fichar y detener masivamente.
Dos personas fueron asesinadas, decenas resultaron heridas y más de 600 fueron detenidas como resultado de la reacción de la Dictadura.
El paro del 11 de mayo de 1983 marcó una de las etapas más importantes en la lucha contra la Dictadura que habría de dar inicio a un sinnúmero de acciones de resistencia en distintos niveles, desde las manifestaciones callejeras hasta las acciones armadas y de ajusticiamiento.
Esta situación de crisis y de inestabilidad fue un obstáculo determinante para la llegada de capitales extranjeros, imprescindibles para el éxito del proyecto económico de la Dictadura.
Esta última, presionada por los mismos intereses que la habían instalado, debió así ceder el lugar a los partidos y movimientos que la remplazaron para mantener hasta ahora, bajo distintas apariencias, el modelo neoliberal cuya aplicación fue el objetivo esencial de la Dictadura.
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