Palma de Honor

¡ OH MY MONEY, OH MY MONEY !

La dulce calma de la sala de estilo barroco donde los Honorables Miembros cabeceaban amodorrados por la canícula parisina resultado del calentamiento climático (y no climatérico, como dijo uno por ahí), se vio súbita y bruscamente alterada por los destemplados gritos de Su Serenísima Excelencia que irrumpió agitando un papel.
! Oh my money  Oh my money¡  exclamaba a voz en cuello el Honorable Presidente del Jurado de la Palma de Honor, poniendo así gravemente en cuestión su atributo de Serenísima Excelencia, pues los alaridos que daba estaban lejos de demostrar serenidad.
Impregnados de ese gran sentimiento fraterno y de solidaridad que es la base de la comunidad de Honorables Miembros, todos estos se precipitaron para rodear y proteger al Honorable Presidente, en este momento que parecía ser uno de esos aciagos en que el destino parece encarnizarse con alguien.
¡ OH MY MONEY¡¡, lo escucharon aún decir, lo que significó que todos, en un gesto instintivo y colectivo de solidaridad, hurgaron en sus vestimentas en búsqueda de sus respectivas billeteras, chequeras y cartas de crédito.
Por cierto, todos pensaban que los alaridos del Honorable Presidente respondían al hecho de que había sido asaltado o sufrido un lanzazo y se quejaba amargamente y en inglés (para estar en onda) por la pérdida de su dinero.
Fue el decano de los Honorables Miembros, de edad ampliamente canónica que con toda la cultura y sabiduría que dan los años, cuando estos suman más de siete décadas, explicó que el Honorable Presidente no hablaba de su dinero sino del más serio postulante para la Palma de Honor.
Sin poder soportar la expectativa, los Honorables se miraron entre sí boquiabiertos, preguntándose qué podía ser: ¿un perfume exótico? ¿Un tipo de suchis?… ¿Acaso es una variedad de camaleón con orígenes en el extremo oriente? Preguntó uno de los honorables, a punto de dar en el clavo.
Con toda la solemnidad del que se sabe seguro depositario de la verdad, pero bajo la forma de una especie de acertijo para hacer que sus colegas hiciesen funcional sus neuronas, el decano de los Honorables les declaró:
“Se trata de un personaje caduco y de otra época de esos que fueron, que ya no son, que trata de hacer que piensen que no fue tanto y por eso ahora puede renegar de lo que piensan que fue, llegando ahora, incluso a la bajeza de ir a hacer acto de contrición en el seno mismo del antro más infecto de los que cuando fue, serían sus peores enemigos…”
Con la inteligencia superior exigida para formar parte del Honorable Jurado, los honorables se hicieron rápidamente un retrato del personaje, uno más de los cientos sino miles que aún pululan en Santiago y que ahora están tratando de hacer que la conmemoración de los 50 años del golpe sea lo más “light” posible.
Sin más y por aclamación, decidieron otorgarle la Palma de Honor a “Oh my money.”

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