Chile – Factura de la naturaleza – Viña del Mar

LA VENGANZA DE LA NATURALEZA Y UN AGUJERO PARA MIRAR LOS CHANCHULLOS OCULTOS BAJO LOS ADEFESIOS CONSTRUIDOS SOBRE LA ARENA EN REÑACA Y CONCON

Entre las miles de víctimas que ha provocado y sigue provocando en Chile el Golpe de Estado de hace cincuenta años y el consecuente sistema económico que se implantó por la fuerza, hay una que podría aparecer como menos evidente e indirecta, pero que, en la medida que no ha tenido justicia, en el mes de agosto se tomó su propia venganza y esta ha sido terrible.
Esta vengadora implacable y con justa razón es la Naturaleza
 Seguramente, en nombre de los bosques quemados o arrasados, de los cauces secados, de las montañas carcomidas, del agua prostituida, de los sitios naturales destruidos – dunas,  playas o  paisajes -, del mar contaminado y agotado, todo por el afán insaciable de riqueza de los dueños del país, ella se dejó caer con toda su furia sobre buena parte del pobre Chilito.
Como siempre, los más sufrientes han sido no los verdaderos responsables directos de los atentados en su contra, en este caso los especuladores inmobiliarios y las cómplices autoridades corruptas que autorizaron, por ejemplo, la construcción de viviendas en terrenos inundables.
La mayor parte de las víctimas ha sido, una vez más aquellos condenados por el “milagro chileno” implantado por la Dictadura y bien protegido por los gobiernos que la sucedieron, a las cuales y, es el caso decirlo sin ironía, “les sigue lloviendo sobre mojado”.
Por cierto, si los afectados sólo hubiesen sido sólo estos últimos, el drama habría quedado pronto olvidado bajo la resignada fatalidad de que gozan las víctimas de siempre, de una montaña de informes técnicos explicando por qué no se hizo que debía hacerse o, bajo las promesas de una compensación material oficial mínima y siempre insuficiente.
Pero ahora y, sin parecer irónicos, se podría decir “afortunadamente”, la Naturaleza también “pasó factura” y de manera más que espectacular, en uno de los sectores ahora más exclusivos, pero también más vulgares y de mal gusto de Viña del Mar, como es el borde costero entre Reñaca y Concón.
Si la ruptura del colector de aguas mal calculado en su construcción y el gigantesco agujero que provocó en el sector, hubiese arrastrado una población de emergencia con las consiguientes víctimas fatales, el asunto seguramente y sin más ni más, habría pasado a ser un capítulo adicional de este folclore chileno que son sus catástrofes naturales.
Y aquí se explica cuando decíamos lo de “afortunadamente”, pues la cuestión es que el socavón no sólo dejo a la vista la base del llamado Edificio Kandinsky (el pintor debe revolverse en su tumba), hoy remedo criollo de la Torre de Pisa con hermosa réplica en miniatura de las cataratas de Iguazú en el desagüe roto más abajo.
También y tanto mejor, a través del famoso socavón, basta acercarse un poco, se podrá comenzar a ver los chanchullos y las coimas que implicarían  a ex ministros, ex alcaldes, empresas constructoras e inmobiliarias, en datos enterrados durante décadas bajo esos adefesios horribles plantados sobre la arena.

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