PRIGOYÍN (QUE EN PAZ DESCANSE) Y EL ANTIGUO TESTAMENTO

Vamos a suponer que todos los informes oficiales y los resultados de todos los exámenes forenses son auténticos, que el líder de la milicia rusa de mercenarios Wagner, Evgueny Prigoyín, se encontraba realmente en su avión Embraer 600 que se precipitó a tierra al noroeste de Moscú el 23 de agosto y que ahora está muerto y bien muerto.
Es importante dejar esto en claro, pues no es la primera vez que el delincuente salido de prisión que supo cultivar sus relaciones, entre ellas las del compañero Vladimir Putín (cuando este oficiaba en San Peterburgo), para pasar de vendedor de completos a dueño de un restaurante de lujo y luego jefe de una milicia de al menos 50.000 mercenarios, es dado por muerto en un accidente aéreo.
Como es evidente, es difícil pensar que la caída del aparato donde viajaba no sólo el jefe de Wagner, sino también su número 2, el neonazi y principal responsable en esta de los asuntos militares, Dimitri Utkin, más otros importantes allegados a Prigoyín, haya sido un accidente.
Sin embargo, en contra del pensamiento de todos los racionalistas, no puede descartarse que hay fuerzas ocultas que juegan en el destino de las personas y circunstancias que, en una relación de causa a efecto, traen mala suerte y una consecuente desgracia.
La actualidad nos muestra un ejemplo.
Aún a riesgo de ser acusado por algún camarada de títere del imperialismo yanqui, neonazi pro ucraniano, aliado de la OTAN, traidor a los valores de la clase obrera, o simplemente de ser supersticioso, lo menos que se puede decir es que enemistarse con el compañero Vladimir trae mala suerte.
Como el romper un espejo, cruzar un gato negro, iniciar algo un viernes 13, el caerle mal al compañero puede significar una desgracia: veinte años de cárcel, el caerse por una escalera o desde una ventana de un piso alto, el comer algo en mal estado, el sufrir un ataque cardiaco o el morir en un accidente aéreo.
Del mismo modo que no se podría responsabilizar al espejo roto o al gato negro de las desgracias que provocan, sería absurdo cargar a la cuenta del compañero Putín aquellas que sufrieron los que se enemistaron con él.
Craso error es entonces el considerar que la muerte de Prigoyín está en relación con el paseo que organizó para sus tropas en junio pasado hasta unos cientos de kilómetros de Moscú. Si en algún momento el compañero Putín pareció disgustado por esta travesura, pronto se repuso y dejó que durante dos meses su viejo compinche fuese a descansar a Bielorrusia y al África.
Más aún, desmintiendo las malintencionadas sospechas, sin poder ocultar la tristeza y el dolor que le provocó la pérdida de su compadre de juventud en San Peterburgo, aprovechó una ceremonia conmemorando la batalla de Kursk donde habló de “devoción” y “lealtad”, para referirse al difunto Prigoyín.
“Saludo la memoria de un hombre de negocios de talento … que cometió errores”, dijo el compañero Putín.
Por cierto, ¿Quién no comete errores? Errare humanum est.
Antes de convertirse en el “talentoso hombre de negocios”, Evgueny Prigoyin pasó varios años en prisión condenado como ratero, tráficante de drogas y cafiche.
Durante su reclusión quizás le habría servido el haber leído entre otros el Antiguo Testamento y en particular el libro de Isaías y el capítulo 14 versículo 12 en relación al ángel caído que, sin duda su amigo, el compañero Vladimir sí leyó.
“Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana. Derribado fuiste a tierra, tú que debilitabas las naciones, tú que decías en tu corazón subiré al cielo…”
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