VALIENTE SOLDADO CONDENADO POR ASESINATO DE VÍCTOR JARA SE MATÓ DE UN TIRO PARA NO ASUMIR

Hernán Chacón Soto, ex brigadier del Ejército, quien en la víspera, junto a otros sieis valientes soldados había sido condenado definitivamente por el asesinato de Víctor Jara, cuyo cuerpo fue encontrado con 44 impactos de bala, no fue capaz de afrontar la responsabilidad que le cabía por sus actos y se suicidó.
Chacón fue encontrado sin vida en su domicilio por personal de la Policía de Investigaciones cuando estos fueron a detenerlo para hacerle cumplir la pena de 25 años y un día de presidio por el asesinato del cantante, actor y compositor chileno y del entonces director general de Prisiones, LIttré Quiroga.
Durante el proceso en su contra, había quedado establecido que Chacón estaba encargado del perímetro exterior del Estadio Chile, pero que también participó en la selección de los prisioneros que debían ser interrogados bajo tortura y en la decisión sobre el “destino final” de algunos.
También se probó que el ex brigadier portaba una pistola Styer, calibre 9 milímetros, cuyas balas corresponde plenamente al tipo de aquellas que en número de 44 provocaron la muerte de Víctor Jara, según los antecedentes establecidos y registrados en la autopsia.
El lunes 28 de agosto, la Corte Suprema había retificado el dictamen en segunda instancia de la Corte de Apelaciones de Santiago que condenó a 15 años y un día de presidio a Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke Wulf, Juan Jara Quintana y Hernán Chacón Soto, por el homicidio de Víctor Jara y Littré Quiroga.
En el contexto del mismo proceso, el ex fiscal militar Rolando Melo Silva fue condenado a cinco años y un día de cárcel como encubridor de los asesinatos, más tres años y un día por haber también encubierto el secuestro.
Víctor Jara fue detenido el 12 de septiembre de 1973 en la Universidad Técnica del Estado y llevado luego al Estadio Chile donde fue salvajemente torturado, siendo visto por última vez, en muy mal estado, cuando fue retirado de un grupo de prisioneros que serían llevados al Estadio Nacional.
Al día siguiente su cadáver junto al de Littré Quiroga y al de otras cuatro personas, fue encontrado abandonado en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, con el evidente propósito de que quedara en el anonimato.
Fue gracias al celo de un funcionario del Instituto Médico Legal, que el cuerpo acribillado de 44 impactos de bala pudo ser reconocido como el del artista, uno de los notables cantantes, autores, actores y directores de teatro chileno, reconocido a nivel mundial.
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