
SEPTIEMBRE: “MES DE LA PATRIA”, DE CONTRADICCIONES, DE LO ABSURDO, LO GROTESCO Y RIDÍCULO
Septiembre de este año ha estado marcado en Chile y, paradójicamente más aún en unos cuantos países en el mundo, por la conmemoración del golpe de Estado que, organizado y financiado desde Estados Unidos, con la complicidad de la derecha chilena y con los militares como instrumento, puso fin a la democrática vía chilena hacia el socialismo.
Más que poner el acento en la experiencia sobre la cual iniciar un proyecto de futuro para volver a alcanzar, al menos, las metas que se había fijado en el programa de la Unidad Popular, la conmemoración, en general, se quedó en la denuncia de las atrocidades cometidas sobre todo por los militares, en tanto ejecutores de la represión de la Dictadura que resultó del putsch.
Esto último y que quede bien claro, no es una crítica a la exaltación de la memoria, ni tampoco un llamado a borrar el recuerdo y la exigencia de justicia de los miles de desaparecidos, asesinados, torturados, exiliados y víctimas en general de la barbarie.
Bien por el contrario, a partir del hecho que en ese recuerdo y esa memoria, los militares y sus instituciones aparecen como protagonistas activos y celosos de todos esos crímenes, resulta tanto más absurdo y grotesco que, apenas una semana más tarde, reciban todo tipo de homenajes en lo que se ha dado en llamar el “Día de la Glorias del Ejército y las Fuerzas Armadas”.
Tanto más grotesco, absurdo y por no decir obsceno, cuando cabe preguntarse ¿cuántos de los que participaron el 11 de septiembre último en la ceremonia frente a La Moneda, luego en el cortejo oficial y en los otros, los que fueron apaleados, se prestaron para aplaudir y participar en esa pantomima en torno a la llamada Fiesta Nacional y la Parada Militar.
No se trata aquí de una referencia en particular al Presidente y a los ministros que, por una cuestión de protocolo y tradición, están en cierto modo obligados a estar presente en este como en otro tipo de carnavales siniestros.
No obstante, no hay protocolo ni tradición que obligue a que un mandatario se deje llevar por el entusiasmo hasta el punto de cantar soto voce un himno guerrerista, reconocido como aquel con el que se identificaba un traidor, asesino, cobarde, ladrón y traficante como Pinochet y que cada vez era interpretado y coreado en su honor. Cuestión de decencia.
Pero y hablando de tradición, cabe preguntarse si acaso en nombre de esta, una sociedad debe estar condenada a repetir actos y gestos que, por el desarrollo del conocimiento humano y de la civilización, resultan cada vez más absurdos y hasta ridículos, incluso en el contexto de una mascarada como puede ser una parada militar.
Se trata aquí del desfile de esos “guatones” vestidos con disfraces seguramente imaginados en algún momento por algún terrateniente para participar en algún carnaval local y que impusieron como el atuendo típico del campesino chileno, vestidos con el cual llegan a ofrecerle a las autoridades el “tradicional (una vez más) trago de chica en cacho”.
Sería interesante preguntarse como se integraría en la tradición el hecho eventual de que alguna de las autoridades, por ejemplo (es una suposición) el comandante en jefe del Ejército, se atragantara con la chicha y salpicara a todos los que se encuentran a su alrededor…
Pero siguiendo siempre con la tradición y, como si esto fuese poco y como telón de fondo, está el comentario del presentador oficial de todo este circo que, con voz afectada y bien modulada, va describiendo e ilustrando al público con cuestiones tan trascendentales, como puede ser la genealogía del caballo que monta un general tal o cual o el número de pasos por minuto de tal o cual regimiento.
En conclusión y para que quede claro, no se trata de quitarle así como así, al mes de septiembre el apelativo de “mes de la Patria”, pero sería importante establecer de manera bien clara y precisa cuál es el verdadero sentido de Patria.
¿Se trata de una sociedad de privilegios para unos pocos, dispuestos a negociar al mejor postor las riquezas o el bienestar de la mayoría, aún cuando sea en favor de lo que ellos mismos llamarían una potencia extranjera?
¿O bien, por ejemplo, una nación en que todos y cada cual gocen de los mismos derechos de educación, salud, vivienda y derechos para ser felices y construir una sociedad común, en acuerdo y respeto de la Naturaleza?
En cuanto a las glorias del Ejército y de la Fuerzas Armadas, recordarlas claro, pero todas. Sin olvidar, por ejemplo, epopeyas como la de la Escuela Santa María de Iquique, la llamada “Pacificación” de la Araucanía, las de San Gregorio, Marusia o durante las huelgas de 1898; del Carbón, en 1903; de la Carne, en 1905, etc, entre todas las 28 a lo largo de la historia nacional.
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