HACER COMO AQUEL QUE PARA NO SER CORNUDO,
VENDIÓ EL SOFÁ DONDE SU MUJER LO TRAICIONABA…

Lo espectacular del ataque con una granada contra una Carabinera, por dos individuos extranjeros, en un contexto de secuestros y homicidios que hablan bien de la violencia que afecta a Chile, generó, de parte de la clase política, una vez más y como era de esperar, todo un variopinto arsenal de proposiciones “urgentes” para solucionar el problema de la violencia.
La Derecha, dejando en claro una vez más sus obsesiones, las emprendió contra uno de los ministros, en este caso contra la titular de la cartera del Interior, Carolina Tohá, amenazándola, como es la costumbre, de una acusación constitucional.
Y, como la ocasión era demasiado hermosa para dejarla pasar, la aprovechó para dar rienda suelta a su racismo, clasismo y xenofobia, exigiendo de las autoridades de gobierno, la inmediata expulsión de Chile de todos los extranjeros indocumentados y en situación irregular, so pena de … evidentemente, de una acusación constitucional de no hacerlo.
¿Cómo a nadie se le había ocurrido antes?
Bastaría con poner a los más o menos 120.000 extranjeros indocumentados de patitas en la frontera para que al día siguiente no haya más lanzazos, asaltos, robos en las casas, “portonazos”, secuestros, narcotráfico y, menos aún, granadas contra las carabineras.
Pero, demostrando que la derecha no tiene el monopolio de las ideas geniales para, en este caso, combatir la violencia y la inseguridad, un grupo de parlamentarios oficialistas, que no nombraremos para respetar su modestia, propuso ni más ni menos, la instauración del Estado de Excepción total o parcial para enfrentar la situación.
Para los que no saben, el Estado de Excepción Constitucional (así con mayúsculas) es una situación excepcional de la vida social y política de un Estado en la cual la autoridad civil suspende o allana algunos derechos (ej reunión, expresión), con la finalidad de proteger otro bien mayor.
Ni más ni menos.
Hace exactamente siete meses, fue promulgada la controvertida Ley Nain Retamal, más conocida como “De Gatillo fácil”, destinada, según sus promotores, a proteger y dar mayores posibilidades legales a la policía, para defenderse haciendo uso de sus armas, en caso de agresión, entre otras ventajas.
La citada ley fue votada con el concurso del gobierno y la oposición, bajo el imperio de la emoción que provocó la muerte en actos de servicio y en un breve lapso de tiempo, de tres funcionarios de Carabineros, situación ampliamente instrumentalizada por el director general Ricardo Yáñez.
Según los expertos, la nueva legislación no agregaba nuevos elementos a la legislación ya existente y, en los hechos, en el caso de los tres funcionarios policiales muertos y, ahora en el caso de la Carabinera, con o sin Ley Nain Retamal, la suerte de cada cual no habría sido diferente.
Quizás es muy pronto para considerar todos los efectos de la citada ley. Por el momento, el balance es la muerte de Maximiliano Rodríguez, David Toro, Tomás Pérez, Maritza Pizarro y Nehomar Terán, víctimas de aquellos que gracias a esta ley, pudieron sentirse en la piel de un sheriff de Far West y poder así dar rienda suelta a sus instintos criminales.
En la violencia que se vive en Chile, difícilmente se puede ignorar el sello que dejó la dictadura cívico militar, a partir de la imposición de la ley absoluta del más fuerte, con el dinero como principal sustento de ese poder, donde y por consecuencia, todo es válido para obtenerlo.
Según sea la categoría económica o el nivel social, la corrupción, la malversación de fondos públicos, la coima, el narcotráfico, los secuestros, los asaltos, los robos, los “portonazos”, el “lanzazo”, el “cogoteo”, son otros tantos métodos para prosperar fácilmente en esta sociedad que heredó Chile de aquellos que lo salvaron del comunismo.
Declarar y prometer todas las buenas intenciones del mundo; promulgar todas las leyes posibles para sancionar sólo un caso aquí y otro más allá, sin abordar los problemas como un conjunto, en sus orígenes, en su desarrollo y en su expresión, será siempre actuar como el marido engañado que señalamos en el título.
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