MALA CARA A NIVEL DIPLOMÁTICO,
PERO EXCELENTE COOPERACION MILITAR

Foto de archivo. El presidente de Bolivia Luis Arce, de Chile Gabriel Boric y el presidente de Colombia Gustavo Petro, durante una conmemoración del 50 aniversario del golpe cívico-militar de 1973 en Santiago, Chile. Recientemente, el presidente de Bolivia rompió relaciones con Israel y los otros países latinoamericanos llamaron a sus embajadores. Foto Esteban Felix / AP
La decisión del gobierno chileno de “llamar para consultas” a su embajador en Tel Aviv, Jorge Carvajal, puede considerarse un importante gesto para condenar el genocidio de Israel en la Franja de Gaza, en medio de un contexto hipócrita y cómplice de buena parte de la comunidad internacional.
En el sofisticado y acartonado lenguaje diplomático, esta medida tiene valor de una protesta muy enérgica y, en algunos casos, puede ser un primer paso para una disminución del nivel de relaciones y hasta culminar en la ruptura de estas.
En lo que nos concierne, todo esto está muy bien, pero, con justa razón cabe preguntarse cuál es en la práctica y en lo efectivo, el verdadero impacto que tiene la medida diplomática si, en otro terreno, como el de la cooperación militar y la seguridad (represión) seguirán existiendo importantes vínculos entre Chile e Israel.
En lo práctico y concreto, miles de chilenos, pudieron apreciar esta cooperación durante la revuelta popular de 2019, a través del material importado de Israel –“guanacos” , “zorrillos”, escopetas, gases lacrimógenos y productos cáusticos – empleados por Carabineros.
Asimismo, en las tácticas represivas mediante armas “no letales”, pero sí destinadas a mutilar e incapacitar, ya probadas en la represión de los palestinos, sobre todo en Cisjordania y durante las manifestaciones en la frontera con Gaza, antes de la matanza de civiles que está llevando a cabo Israel.
Quienes hasta ahora pueden seguir apreciando los resultados de estas buenas relaciones chileno-israelíes son los habitantes del Wallmapu, sometidos desde octubre de 2021 a un estado de ocupación militar por parte de personal que ha recibido entrenamiento, tecnología y armamento israelí.
Considerando el carácter del Estado sionista, no es de extrañar que esta cooperación haya comenzado en 1975, durante la dictadura de Pinochet, entre el entonces director del Mossad (servicio secreto exterior) Nahum Admony y Manuel Contreras. el jefe de la DINA, para entrenamiento de personal de esta última.
Un año más tarde, resultado de la llamada Enmienda Kennedy, que decretó un embargo de armas hacia Chile, Israel aprovechó el vacío dejado por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, para convertirse en el principal proveedor de material bélico hacia Chile, el que llegó a ser un 42,5% en este rubro en 1989.
Esta cooperación disminuyó notablemente, pero sin ser suspendida, al terminar la Dictadura, marcando nuevamente un auge durante los dos periodos de gobierno de Sebastián Piñera, reactivando la cooperación, no sólo en la compra de armas, sino también en material de seguridad policial y ciberseguridad.
Como ejemplo, sólo entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, Carabineros gastó 10.700 millones de pesos sólo en vehículos destinados para la represión importados desde Israel.
En general, este tipo de contratos incluye la asistencia técnica y la entrega de repuestos, por lo que aparte de la medida diplomática que, en el fondo, no significa más que ponerle mala cara, Chile seguirá alimentando la industria bélica israelí y, de esta manera, indirectamente haciéndose cómplice del genocidio y la limpieza étnica que está practicando el Estado hebreo contra Palestina.
Laisser un commentaire