Chile – Economía

EL INJUSTO SISTEMA TRIBUTARIO EN CHILE

Por Claudio Jedlicki

La tributación, es decir los impuestos que pagan los ciudadanos, es uno de los pilares fundamentales de las economías capitalistas y, generalmente, constituye casi el único ingreso de que dispone el Estado, aparte otras fuentes de financiamiento como empréstitos y las utilidades que le procuran las empresas estatales.
Es a través del gasto estatal que los gobiernos impulsan su concepción del desarrollo y de la justicia social, además del financiamiento de ciertos bienes y servicios públicos, como la seguridad pública y nacional, la construcción y mantenimiento de vías de comunicación (rutas, calles…), el alumbrado público, etc..
Si nos referimos al monto relativo de la recaudación, es decir la parte de esta en el PIB, llamada presión fiscal, alcanzaba en Chile un 22,2% en 2021.
Si bien se sitúa ligeramente por encima de la media de la América Latina y Caribe (ALC), que es de un 21,7%, está muy por debajo de la media de 34,1% de los países desarrollados miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, OCDE, a la cual pertenece. Solo dos países de esta última presentan una ratio inferior, Irlanda y México.
A la baja presión fiscal se suma otro factor aún más revelador de la orientación de la política tributaria chilena. Se trata de la estructura de esta última.
En efecto, el impuesto al valor agregado (IVA) que afecta a los bienes y servicios representa un 43% en Chile, frente al 30% en ALC y al 20% en la OCDE del total de la recaudación. Este impuesto es aplicado por igual a todos los que adquieren una mercadería, contrariamente a los impuestos directos que, en general, varían según el nivel de ingresos del contribuyente.
Otro ítem que merece ser destacado es el peso de las cotizaciones sociales: 5% en Chile, 17% en ALC y 27% en la OCDE.
En realidad, no hay mucho donde estar sorprendido: con un bajo nivel contributivo e impuestos regresivos, el modelo neoliberal nunca ha ocultado perseguir el objetivo de un Estado subsidiario, es decir actuando sólo y exclusivamente allí donde las empresas privadas no pueden hacerlo.
Tampoco ha pretendido limitar los recursos de los más beneficiados del modelo para palear a los que el modelo deja al margen
Sin embargo, cabe reconocer que una reforma importante intervino en el segundo mandato de Bachelet. Hasta ahí, los impuestos que afectaban a las empresas eran deductibles de los impuestos que afectaban los accionistas en tanto que personas. Además, solo eran imponibles las utilidades distribuidas, de manera tal que en la práctica las empresas podían quedar exentas de toda imposición.
 La reforma consistió en gravar con Impuesto Adicional el 35% de las utilidades sobre base retirada, dejando solo el 65% como crédito para los impuestos personales de los accionistas. También terminaba con el Fondo de Utilidades Tributables (FUT), que permitía postergar este impuesto hasta cuando eran retiradas.
En este año 2023, el gobierno Boric propuso una reforma que habría permitido, según sus patrocinadores aumentar la recaudación fiscal en 4 puntos de porcentaje del PIB. Las medidas más importantes además de incrementar el impuesto a la renta y el establecer un impuesto a la riqueza y el royalty minero, eran el atacar la elusión y la evasión fiscal. La indisposición de mayoría parlamentaria hizo que el proyecto naciera muerto.
La insuficiencia de los impuestos recaudados engendra un reverso de la medalla desastroso. La confluencia de la generosidad del modelo con los pudientes concomitante con el recurso masivo al fraude de estos mismos hace que Chile forme parte del pelotón de países con la distribución de ingreso más regresiva del mundo.
Los efectos redistributivos, es decir los ingresos después de impuestos y recepción de transferencias, mejoran el índice de distribución de solo 7% en Chile y de 25% en Francia. Esto refleja no solo la voluntad de mayor justicia social pero también el excedente de recaudación del fisco francés por sobre el chileno.
Aparece claramente que la disminución de las desigualdades pasa por una mayor entrada fiscal que es susceptible de obtenerse:
– Poniendo fin a la complacencia frente a la elusión y evasión fiscal.  
-Aumentando sustancialmente el impuesto a la renta al sector que corresponde al 1% más rico, a  las imposiciones sociales y al royalty minero
 -Disminuyendo el IVA de los productos de primera necesidad y  compensando esta disminución con el aumento de las tasas para los productos  suntuarios

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