Chile – Censura a homenaje a S. Allende

Cada vez que se produce una metida de pata o “un condoro”, como parece se dice ahora en chileno, idioma cada vez más lejano, resulta evidente buscar al o a los responsables para cargarles la culpa.

Del mismo modo que se buscan las excusas que corresponde cuando el autor de la cagada tiene algún tipo de afinidad ideológica, parentesco o amistad.

En Chile y en los medios “progresistas”, este arte de la excusa ha tenido un gran desarrollo en los últimos dos años, paralelo a la propensión a meter la extremidad inferior de la nueva y joven generación que ejerce actualmente el poder a distintos niveles.

El problema es que, a la luz de un examen más riguroso, lo que podía pensarse eran errores resultado de la inexperiencia y de lo atolondrada que es la juventud (como dicen los viejos), al parecer, eran actos bien meditados y consecuentes con un modo de pensar que guardaban bien calientito bajo el poncho.

Sean cual sean las causas y las circunstancias, el 10 de diciembre pasado todos los miembros del equipo que debía participar en el concierto “Resistencia femenina”, con la pianista chilena María Paz Santibáñez, se encontraron en la calle, frente al Teatro Municipal de Santiago, donde debía tener lugar el espectáculo, con las puertas cerradas.

Para María Paz Santibañez y el equipo fue una sorpresa a medias, pues cuatro días antes, había sido citada a un café de Santiago por funcionarios de la municipalidad de Santiago, que le informaron así, de rompe y raja e informalmente, que la obra sería suspendida “por razones de fuerza mayor”.

Por cierto, tanta informalidad resultaba difícil de creer para todo el equipo del concierto, que había viajado directamente desde París, para una presentación que cerraba el ciclo de conmemoraciones con motivo de los 50 años del golpe de Estado y culminaba con un gran homenaje al Presidente Allende.

Pero el silencio de la alcaldesa Irací Hassler y la ausencia de toda comunicación y explicación oficial que habría merecido la pianista y todo el elenco que se encontró en la calzada frente al Teatro Municipal de la capital chilena, demostraron que la decisión había sido tomada al más alto nivel.

El arte, en cualquiera de sus expresiones puede ser muy peligroso porque, de por sí, tiene que ser dinámico, viviente, creativo, inspirador y por lo tanto subversivo, cuando presenta imágenes, expresiones, melodías, en fin, caminos que recorrer que nadie ha recorrido.

Resistencia y femenina son de por sí conceptos subversivos, más aún cuando se refieren a un concierto inspirado en gran medida en las expresiones nacidas y desarrolladas en uno de los grandes momentos en la historia del pueblo chileno, como fue el estallido social que comenzó en octubre de 2019.

La anulación del concierto Resistencia Femenina por parte de la municipalidad de Santiago, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, más allá de las formas, podría ser considerada como una metida de pata o un “condoro” , propio de esta juventud actual, “tan alocada”, como habría dicho una tía vieja.

No hay que olvidar que la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, tiene apenas 33 años recién cumplidos.

La cuestión es que, como está probado, la edad no tiene nada que ver con los años de vida.

Puede ocurrir entonces, que haya veintiañeros o treintañeros, carcomido(a)s ya por el cáncer de la ambición del poder, que perdieron no los dientes ni la potencia sexual, sino el espíritu crítico de la juventud y se han convertidos desde hace tiempo en viejos o viejas huevone(a)s, como aquellos contra los que peleaban no hace mucho.

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