Chile – Concertación – Neoliberalismo

EL SELLO NEOLIBERAL DE LA CONCERTACIÓN
“NA’ QUE VER” CON LA DOCTRINA SOCIALDEMÓCRATA

por Claudio Jedlicki

En una entrevista con el diario La Tercera del 3 de febrero último, Ernesto Ottone Fernández, quien fuera jefe del grupo de próximos asesores de Ricardo Lagos cuando este fue presidente, dejó a entender que, en el segundo gobierno de Michelle Bachelet hubo giro hacia la izquierda, incluso más allá de la doctrina socialdemócrata.
Por cierto, no se puede negar que en este segundo periodo hubo dos o tres medidas claramente progresistas: La pensión básica solidaria, un aumento en la cobertura en salud y ampliando las prestaciones, y la reforma tributaria que logró la semi integración del sistema.
Ottone no es el primero en argumentar así. Otros, incluso han abandonado los partidos de la Concertación con argumentos semejantes. Queremos aquí brevemente recordar algunas nociones y hechos que dejan fuera de tiesto este tipo de aseveraciones.
La doctrina socialdemócrata, cuyos orígenes remontan a la mitad del siglo XIX, ha experimentado desde entonces evoluciones ideológicas importantes. Los escritos de Marx y de otros intelectuales, Federico Engels, Ferdinand Lassalle, Karl Kautsky y Eduard Berstein, entre otros, constituyeron el sustrato doctrinario de los partidos obreros eventualmente aliados con la pequeña burguesía.
En 1919, con el advenimiento de la Revolución Rusa y la creación de la Tercera Internacional se consuma la ruptura de los partidos obreros. La socialdemocracia opta por su apego al sufragio universal y a la democracia representativa, en oposición a la dictadura del proletariado y la lucha insurreccional. Adopta tesis revisionistas y reformistas que marcan su distancia con el marxismo ortodoxo o leninista.
Desde entonces algunos partidos socialdemócratas asumen participaciones gubernamentales en Europa del Norte, caracterizados por una importante intervención del estado en la economía.
En los años 1930, estos adoptarán las tesis keynesianas para luchar contra los efectos de la crisis de 1929. Luego, después de la Segunda Guerra Mundial, siguiendo la misma inspiración emprenderán la reconstrucción, la regulación de la economía capitalista y una política fiscal y social redistributiva. Esta orientación desembocará en el establecimiento de lo que se conoce como el Estado de Bienestar.
En los años 1970, a la merced de la crisis petrolera, de la mundialización con la apertura creciente de las economías y la aceleración de los intercambios comerciales y financieros, nuevamente la socialdemocracia conocerá alteraciones importantes. Estas serán consecuencia de la necesidad de contener el gasto fiscal creciente, debido a un aumento de la esperanza de vida, para poder así resguardar la competitividad internacional.
Las restricciones del gasto fiscal llevaron a los partidos socialdemócratas en el poder a tomar algunas medidas que se aparentaban al neoliberalismo. Esto es innegable, confundir la socialdemocracia del siglo XXI con el neoliberalismo, constituye una aberración.
Efectivamente la protección social se ha ido desmejorando, con mayores períodos de trabajo para acceder a indemnizaciones de cesantía y jubilación y con un aumento de las contribuciones de los trabajadores, etc.. Sin embargo, por más importante que sean estos deterioros, el sistema de protección solidario se ha mantenido en su esencia.
Otro tanto ocurre en materia como la educación, con sistemas públicos de calidad y gratuitos desde la guardería o el jardín Infantil hasta la universidad.
Otro cuento, es en Chile.
El neoliberalismo, basa la protección social en compañías privadas de seguro, como son las llamadas AFP e ISAPRE las que, sea dicho al pasar, son un negocio más del sistema, animadas sin más finalidad que obtener un máximo de ganancias para sus propietarios.
En cuanto a las prestaciones que entregan estas sociedades, es una cuestión secundaria y son proporcionales a lo que paga el cliente y, en el caso de las AFP, dependen de la evolución de la Bolsa de valores en una suerte de lotería en que las ganancias son para los propietarios y las pérdidas para los clientes.
En este sistema, el supuesto beneficiario será un cliente interesante incluso en función de su salud, pues alguien enfermizo será un mal negocio y será excluido.
En educación, la oposición entre ambos sistemas es también diametral.
La educación primaria y secundaria de calidad en Chile es privada y pagada y la universitaria pagada, aunque excluida de lucro.
Las pirañas no tardaron en encontrarle la parada. No sólo transformando el sistema en un vasto negocio, sino que, en varias universidades, asimilando estas más a una venta de diplomas que a un organismo de educación superior.
Siempre en Chile, tratar de encontrar una parentela entre la socialdemocracia y la Concertación, que ha gobernado más de veinte años en placentera convivencia con el neoliberalismo, equivale a tratar de pasar gatos por liebres.
Que viejos próceres y sus discípulos, otrora declarados “de izquierdas” se hayan dado vuelta la chaqueta y hasta los calzoncillos hacia la derecha, allá ellos, pero tener la osadía de travestirlo y camuflarlo, es una estafa intelectual.
El autor de esta clarificación no se reclama ni de cerca ni de lejos de la socialdemocracia, sólo desea desenmascarar a aquellos que se disfrazan de izquierdas.

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