Chile – Piñera

PIÑERA Y SU RELACIÓN A LA LEY Y LOS REGLAMENTOS

Por Pedro Alejandro Matta

Sebastián Piñera en la Plaza de la Dignidad

Durante su vida como especulador financiero, y como exitoso político ocasional, Piñera ha dejado un claro registro de que, muchas veces sencillamente rompió y sobrepasó la legalidad vigente y no respetó las regulaciones establecidas, o en sus acciones estuvo peligrosamente cerca de violarlas.
Fue su forma de vida.
Y también la manera como murió.
Subirse a un avión o a un helicóptero privado y despegar no es como sacar el automóvil del garaje y partir a hacer compras al mall.
Cada vez que se apresta a despegar, el piloto (en este caso el piloto y el dueño de la aeronave eran el mismo, lo que agrava el hecho) debe no solo comprobar el estado de la aeronave, sino también recabar la información actualizada de las condiciones meteorológicas, indicar el número de pasajeros que lleva, e informar su plan de vuelo a la torre de control.
La torre de control seguirá el desarrollo del vuelo y, de ser necesario, traspasará la responsabilidad del seguimiento del viaje a otras torres de control a lo largo de la ruta y a medida que el vuelo avance y la aeronave pase de un espacio aéreo local al siguiente.
Esto no es solo por la seguridad del avión o helicóptero, y de sus ocupantes, sino también por la seguridad de cualquier otro tráfico aéreo que pueda estar circulando simultáneamente en la misma área.
Y esta es una regulación internacional e inexcusable con el fin de prevenir y evitar accidentes aéreos o, de socorrer a una aeronave siniestrada contando con la información disponible sobre su última ubicación.
Pero Piñera era Piñera; en otras palabras, las regulaciones o reglamentación vigente y establecidas no se aplicaban a él.
Desde una de sus tres casas de veraneo, en Bahía Coique, Comuna de Futrono, ribera norponiente del Lago Ranco, subió a su helicóptero y partió a almorzar en la casa y parcela de un amigo, en el sector de Illihue, Comuna de Lago Ranco, ubicada en la ribera opuesta del lago y a veinte kilómetros de distancia en línea recta.
No avisó a nadie, menos aún a quienes la Dirección General de Aeronáutica Civil responsabiliza por el control del tráfico aéreo sobre el Lago Ranco.
Y después de almuerzo, fiel a su carácter y personalidad, nuevamente regresó a su helicóptero, acompañado de tres otras personas, y nuevamente, de lo que se sabe, levantó el vuelo sin informar a nadie, sin tener autorización para hacerlo, y sin reportar sobre su destino.
Ese era Piñera. Por lo tanto, murió siendo coherente con su conducta normal. Saltándose regulaciones y legalidad.
Felizmente los tres acompañantes sobrevivieron.

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