LOS DERECHOS HUMANOS VALEN MIL VECES MÁS QUE LOS INTERESES DEL MERCADO DE LA GUERRA

El hecho que el gobierno chileno invocara como razón el respeto de los derechos humanos para cancelar la participación de Israel en la Feria de Internacional del Aire y del Espacio FIDAE, debería haber sido razón moral más que suficiente impedir o para acallar todas las críticas que la medida generó.
“En la escala de prioridades, los derechos humanos son el primer eslabón”, declaró la ministra del Interior Carolina Tohá, luego que las industrias de armamento israelíes que ya habían comenzado a instalar sus stands en la FIDAE debieron liar sus bártulos y partir de vuelta, no sin antes intentar una querella contra el gobierno chileno la que, por supuesto, fue desestimada.
Como era de suponer, las críticas al gobierno y en particular al presidente Boric, por un sector de la comunidad judía en Chile y del embajador israelí, tuvieron como punto de partida la consabida y manoseada acusación de “antisemita”, única y exclusiva razón que, según los señalados, habría determinado la medida contra los mercaderes de armas del Estado hebreo.
Como es de suponer, las al menos 31.000 personas, en gran número niños, asesinadas en la Franja de Gaza por el ejercito israelí, los hospitales bombardeados, las escuelas destruidas, el personal médico y los periodistas muertos deliberadamente y, más recientemente, la hambruna, cuyas víctimas vienen a agregarse a aquellas de los bombardeos, serían sólo efecto de la imaginación “antisemita”.
Sin caer en este absurdo argumento, las críticas que surgieron de parte de la derecha (salvo honrosa e inesperada excepción), de exmilitares e incluso de uno u otro miembro de los partidos afines al gobierno, no estuvieron mejor fundamentadas y de ellas, lo menos que se puede decir es que dejaron en evidencia una total mala fe o una ignorancia absoluta.
Los que criticaron al gobierno y calificaron la medida de “irresponsable” no pueden ignorar que el hecho de suspender la participación de empresas armamentistas en una muestra como la FIDAE no significa en absoluto poner en cuestión los acuerdos de compra de material y de asistencia técnica y de cooperación que ya están debidamente firmados con Israel.
Evidentemente, el hecho que se cancelara la participación israelí en la exposición no significa que los frustrados participantes iban a partir llevándose los aparatos ópticos de los tanques del ejército chileno, ni los radares de los aviones de la FACH ni los blindados y zorrillos de Carabineros, ni los fusiles Galil fabricados con licencia por FAMAE.
Surge entonces la pregunta ¿De qué manera y frente a quien la seguridad del país estaría en peligro, como dijeron algunos?
Por último, si como consecuencia de una decisión soberana del gobierno chileno, a término y por las razones que fuesen, los contratos con Israel no fuesen renovados, de todas maneras y en cualquier circunstancia, no serán pocas las ofertas provenientes de otros países para ocupar el puesto de proveedor de material bélico que quedaría libre.
Como resulta fácil imaginar el mercado de las armas y los derechos humanos son conceptos que se encuentran en total oposición: por tratarse de la compra y venta de productos destinados a matar y destruir y por ser un mercado con sus leyes más despiadadas y donde circula el dinero en cantidades inimaginables.
Es un hecho reconocido y aceptado universalmente el que en las transacciones que se dan en este tipo de mercado, un porcentaje no despreciable está destinado a favorecer y facilitar las delicadas decisiones de ministros, alto jefes militares y de todo alto funcionario de gobierno con capacidad de gestión en la adquisición de material militar, de defensa y de seguridad.
Como es de suponer, un viaje de estudios para conocimiento del material ofrecido, vacaciones pagadas para toda la familia o una cuenta bancaria off shore en dólares, regular y generosamente alimentada, siempre ayudan a tomar las buenas decisiones si se trata de resguardar y mantener la seguridad de la Patria.
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