PALMA DE HONOR PARA SUPERAR UN TRAUMA NAVIDEÑO

En París, la primavera boreal se manifestó en su primer día con una asoleada y tibia mañana en que la luz multicolor, que irradiaban los vitrales del palacio donde sesiona una vez por mes el Honorable Jurado, proyectó hacia el rostro noble de Su Serenísima Señoría el Presidente (SSS), una especie de halo, que daría un tinte aún más solemne al breve discurso con que inició la sesión.
“Honorables Miembros, hoy, nuestra misión tiene por objeto no sólo el designar a aquel que, por sus méritos anteriores, es acreedor de este importante galardón que es la Palma de Honor”, comenzó expresando.
“En esta ocasión esta distinción va mucho más allá”, agregó, antes de precisar que “se trata de premiar para ayudar a superar un trauma que sufrió en su tierna adolescencia el elegido y que acaba de manifestar, ahora que es alcalde de la comuna de Maipú”.
Seguidamente, SSS dijo que la actitud actual del jefe comunal en cuestión seguramente estaba en relación con un triste episodio de la adolescencia de este y sobre el cual él había conocido de oídas a través de un amigo de la familia.
Luego de advertir a los Honorables Miembros que lo que iban a escuchar tenía el más estricto carácter confidencial, pasó a relatar el episodio tal como lo había conocido, también confidencialmente.
“Cuando tenía quince años, Tomasito, frustrado por no haber recibido para Navidad la caja de soldados de plomo (que ya no eran de plomo sino de plástico) que había solicitado a través de una carta destinada al Viejo Pascuero en el Polo Norte y depositada en la oficina de Correos de Chile de su barrio, confió su desencanto a un amigo mayor”, relató SSS.
“Con toda la crueldad de la que los jóvenes pueden dar prueba en ciertas ocasiones, el amigo en cuestión le informó, de rompe y raja, rotundamente y sin preámbulos, que el Viejo Pascuero no existía…” continuó SSS, con la voz quebrada y los ojos húmedos al evocar la tragedia.
“No necesito detallar el trauma que significó para el pobre Tomasito el enterarse de esta triste realidad de la vida”, acotó Su Serenísima Señoría”.
Luego de advertir que, sin querer dársela de sicólogo, él pensaba que ahora que es alcalde de Maipú, Tomasito veía en el Estado la imagen del Viejo Pascuero que se esfumó a través de la cruel revelación de su amigo, esto le hacía solicitar ahora no soldados de plomo (o de plástico) sino milicos de verdad, para salir a pelear contra los malos y matarlos a todos.
Deseosos de reparar tal entuerto y sin siquiera concertarse ni iniciar uno de esos acalorados debates a los que son tan proclives, por unanimidad, los Honorables decidieron otorgar la Palma de Honor al alcalde de Maipú, Tomas Vodánovic.
La moción de uno de los honorables de acompañar la estatuilla representando el premio con una caja de soldados de plomo (o de plástico, estilo G.I Joe) , quedó pendiente, pues otro objetó que podrían considerarlo como una tentativa de corrupción.
Sin más, encabezados por Su Serenísima Señoría, los Honorables Miembros se dirigieron al Bar Cap Horn, para recuperarse de las emociones vividas, mediante un buen pisco sour. Pero ocurrió que fue todo el honorable conjunto que sufrió ahora una desilusión.
Debido a la rapidez con que se despachó la decisión sobre el premio, los Honorables llegaron a destina mucho antes de las 15 horas, cuando abre el Cap Horn, quedando así, a su vez traumatizados y con sed.
Laisser un commentaire