SEGÚN LOS GRINGOS, POR VOZ DE MILEI, CHILE ESTÁ EN LA MIRA DE LOS “HEZBOLUDOS”

El cuasi incidente diplomático generado por la ministra de Seguridad del ultraderechista gobierno argentino de Javier Milei, Patricia Bullrich, generado cuando habló de la presencia del grupo libanés Hezbolá en el norte de Chile, quedó superado luego que esta hablara por teléfono, explicara y se excusara con la ministra del Interior chilena Carolina Tohá.
Pero más allá de las buenas maneras que tiene que haber entre gente importante y civilizada, es interesante así, nada más que como un ejercicio del espíritu, echar un vistazo al contexto internacional y en particular al vuelco total que el gobierno de Javier Milei le ha dado a la política de relaciones exteriores de su país.
En primer lugar, hay señalar que la idea de esta eventual presencia del grupo chií libanés en el norte de Chile no es algo nuevo y, sólo fue desempolvada para las circunstancias actuales en Estados Unidos, antes que la Bullrich viniera a repetirla al patio trasero.
El 11 de abril, la cuestión fue abordada en el Senado estadounidense, durante una sesión convocada por congresistas republicanos para solicitar al gobierno de Joe Biden declarase el Tren de Aragua como una organización criminal internacional.
La ocasión fue aprovechada por el senador Marco Rubio, para pedir a la mesa una explicación sobre los supuestos operativos del Hezbolá en la región fronteriza entre Brasil, Paraguay y Argentina, afirmando que esta situación se había extendido a Chile.
Rubio hizo esta afirmación agregando “su preocupación” por el hecho que “durante el gobierno del presidente Gabriel Boric, los chilenos han tenido una retórica bastante dura sobre Israel”.
Dicho sea de paso y antes de continuar, conviene conocer al tal Marco Rubio.
Hijo de exiliados cubanos en Miami es la “oreja” de Donald Trump para los asuntos latinoamericanos, enemigo declarado de Cuba y Venezuela; católico practicante (dicen que reza durante las sesiones del Senado), después de haber sido mormón y bautista; anti-aborto pero partidario de la pena de muerte; contrario al matrimonio homosexual y al programa de salud social de Barak Obama, etc
No es difícil entonces imaginar que, con tal pedigrí y criterio, debe considerar que Boric es un “comunista” de esos que se comen las guaguas y, considerando las denuncias de este contra los crímenes de Israel en la franja de Gaza, debe imaginarlo peor que un guardián SS en un campo de exterminio nazi.
Resulta entonces claro que, para Rubio, a partir de la “retórica bastante dura sobre Israel” de Boric y de los chilenos, no habría más que un paso para que el país, de Arica a Punta Arenas sea albergue de guerrilleros del Hezbolá, del Hamas, de los Hutíes del Yemen, de los Pasdarán iraníes, de las milicias chiíes de Irak y etc y etc.
Es en un contexto determinado por personajes como este Rubio que se sitúa Javier Milei y su clara voluntad de formar parte del círculo de los más cavernarios dirigentes políticos mundiales, a partir de lo cual, orientar lo que han de ser las relaciones internacionales de la Argentina en el concierto latinoamericano y frente al resto del mundo.
Muestra clara de esta postura fue su viaje a Israel, el primero al extranjero desde que fue electo. Allí, después de reiterar su voluntad de trasladar la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén, reconociendo así de hecho la anexión de la ciudad santa por el Estado hebreo, se ofreció en un show grotesco frente al Muro de las Lamentaciones, llorando a moco tendido, supuestamente de emoción y entrando en trance.
No fue menos grotesco, unas semanas más tarde, su encuentro con el expresidente estadounidense Donald Trump, “su ídolo”, ocasión en que le faltó poco irse de besos, si no es porque y como está claro, este último prefiere las actrices de cine pornográfico.
Para que no quedaran dudas sobre su carácter servil, de vuelta a casa, en Ushuaia, hasta donde viajó como valet de la comandanta del Comando Sur de EEUU, Laura Richardson, Milei, disfrazado de milico, anunció la instalación allí de una base naval estadounidense y la pretensión de que Argentina pase a formar parte de la OTAN.
En un evidente intento de llamar la atención y de participar en la política de Washington de romper los procesos de integración de los países latinoamericanos, siempre con su estilo grosero, se permitió insultar primero al presidente colombiano Gustavo Petro, tratándolo “asesino terrorista” y luego al mandatario de México, Andrés Manuel Lopez Obrador de “ignorante”.
En esta misma línea, calificó a Lula da Silva de “corrupto” y “comunista furioso” y a nuestro querido y joven Gabriel Boric de “miembro de la extrema izquierda” (¿?) y “empobrecedor”.
Del mismo modo, en esta política de conflicto en el contexto latinoamericano, el gobierno de Milei, a través de la misma Bullrich abrió otro frente al anunciar la participación de Argentina en una “guerra híbrida” contra Bolivia, aludiendo un presunto tratado militar secreto de este país con Irán.
Este término de “guerra híbrida” se refiere a la acción combinada de fuerzas regulares, milicias irregulares, bandas criminales, apoyo de medios informativos y de propaganda, espionaje, campaña de desestabilización para deponer un gobierno.
“Nuestra frontera con Bolivia (….) es donde tenemos hoy el máximo nivel de alerta y de seguridad del país, porque ha habido un memorándum firmado por Bolivia e Irán”, declaró Bullrich hace unas semanas al diario argentino La Nación.
A mediados de abril, El ministro de Defensa de Argentina, Luis Petri, firmó en Dinamarca un acuerdo de compra de 24 aviones de combate F-16.
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