¡GOOD BYE LENIN, HELLO PUTIN!

Boric et Zelanski en la Cumbre de Paz por Ucrania…
En su reciente gira por Europa, previo a su participación en el cuestionado Foro por la Paz en Ucrania, nuestro joven Boric nacional se permitió hacer declaraciones sobre Rusia, Putin y la “operación especial”, como se llama ahora a las guerras de invasión, provocando y como era de suponer cada vez que se toca el tema, la airada reacción de algunos camaradas.
Durante una entrevista, nuestro barbudo nacional expresó su sorpresa por el hecho que en América Latina se asimile a Rusia como una “fuente de referencia para la izquierda”, lo que, en el fondo, difícilmente alguien podría negar.
Más aún, criticó la invasión a Ucrania considerando que Moscú tiene un “ánimo imperialista y expansionista”
Todo esto y como ocurre cada que alguien tiene la osadía de cuestionar al camarada Putín, provocó las más airadas reacciones entre unos cuantos camaradas.
Unas, en el nivel que es el de las redes sociales, colocando a nuestro bienamado presidente en el rango máximo en la orden de los títeres del imperialismo yanqui, los cómplices de la OTAN y los aliados del nazismo ucraniano.
Otras, a un nivel más elevado y elegante, resumidas y expresadas a través de la pluma de un ya mayor y respetable camarada que, en una tribuna, declaró su “consternación por la orientación en política exterior de mi presidente…”
Entre paréntesis, se podría hacer notar al venerable camarada que para estar consternado por causa de “su presidente”, tenía en cuestiones de orden social, de promesas no cumplidas y traicionadas, de política a los pueblos originarios y etc y etc, razones más que suficientes.
Como detalle, las polémicas declaraciones de nuestro genial primer mandatario fueron formuladas en Alemania, país donde el cine, después de un periodo muy mediocre después de la Segunda guerra mundial, a partir de los años 70 surgió hasta ponerse al nivel de los grandes movimientos como el Neorealismo Italiano o la Nouvelle Vague francesa.
Así, en 2003 fue presentado el filme “Good Bye Lenin”, del director Wolfgang Becker y con la actuación estelar del germano español Daniell Brühl.
Allí se relata la historia de una familia cuya madre, ferviente militante comunista en la República Democrática Alemana, sufre en 1989 un infarto que la deja inconsciente durante meses e imposibilitada durante ese lapso de enterarse de la caída del Muro de Berlín y de la reunificación alemana.
Cuando la camarada vuelve en sí, Alex, su hijo, temeroso de que sufra otro infarto frente a la nueva realidad, organiza todo su entorno familiar, vecinal y local para hacerle creer que nada ha cambiado y que la marcha hacia el socialismo, tal como ella estaba convencida debía ser, sigue su rumbo sin alteración.
Así, todas las transformaciones que provoca la unificación alemana y el capitalismo son presentadas a la señora para que las entienda como hechos que se encuadran en el más estricto orden de la ya difunta RDA.
En el filme, hasta el momento en que la camarada fallece engañada pero feliz, la ficción perdura algunos años. En la vida real esta puede durar treinta o más años.
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