EN FRANCIA, “EL PAÍS DE LAS LUCES”, COMO LA LLAMAN, LA EXTREMA DERECHA LE DIO UNA PATADA AL ENCHUFE

El 9 de junio recién pasado, en “El País de las Luces”, como los franceses, tan adictos a mirarse el ombligo, llaman a Francia, hubo uno de esos enormes apagones históricos, cuando la extrema derecha, representada por el partido Reunificación Nacional apareció como la primera fuerza política en las elecciones para el Parlamento Europeo.
El presidente Emmanuel Macron que, en ocasión de las dos últimas contiendas presidenciales, en 2017 y 2022, se había erigido como el único baluarte frente a esta extrema derecha, se hizo el tonto frente a su evidente fracaso y, dándoselas de gran estadista por encima de todo, decidió “llamar al pueblo a decidir “.
Esto significa que, de acuerdo con el funcionamiento del sistema francés, disolvió la Asamblea Nacional para llamar a nuevas elecciones de diputados, en la perspectiva de obtener una nueva mayoría de apoyo en el Parlamento.
Como es de suponer y visto los resultados de las elecciones europeas, esta perspectiva abre la posibilidad de que sea electo un Parlamento con mayoría, al menos relativa, de la extrema derecha y, en consecuencia, la eventualidad de un primer ministro perteneciente a esta ideología.
Esta realidad de la política francesa ha puesto de actualidad y ha hecho cobrar fuerzas al cuestionamiento hecho ya en 2017 por sectores de la izquierda radical.
Estos advertían que, en un proyecto a más largo plazo del capitalismo neoliberal, Macron, lejos de ser el baluarte contra la extrema derecha tal como se presentaba, iba a preparar paulatinamente el terreno para el advenimiento de esta.
La primera vuelta de las próximas elecciones legislativas tendrá lugar el 30 de junio y este muy reducido lapso para la campaña ha generado una verdadera carrera en la perspectiva de alianzas dejando
lo que ha dado lugar a que, sobre todo en la derecha, algunos han debido revelarse en su verdadera realidad filo-fascista.
En cuanto a lo que podría llamarse la izquierda, la crisis provocada por la disolución de la Asamblea Nacional, generó la constitución con carácter de urgencia de una alianza estrictamente electoral denominada Frente Popular, en una evidente reminiscencia a aquella de los años 1930.
Y, justamente, en razón de la urgencia frente al peligro fascista con que se concretó esta unión, queda planteada la interrogante sobre la continuación de ella más allá de las elecciones, cuando existe el antecedente de otras tentativas unitarias que terminaron fracturadas como fue el caso después de las legislativas de 2022.
Como es fácil imaginar, el parto para dar a luz esta coalición no fue sin dolor. Aparte de las difíciles transacciones para designar a los candidatos, aparecieron viejas y profundas discrepancias, como en el terreno internacional, como el caso del genocidio en Gaza, que ya había provocado el quiebre de la NUPES, la alianza de 2022.
El hecho que el movimiento de La Francia Insumisa situara el ataque del Hamas del 7 de octubre de 2023 en el contexto histórico de las relaciones entre Israel y Palestina, le valió a este y a su líder Jean Luc Melenchon, el ser acusados de antisemitas, en una campaña de denigración sin precedentes y que, necesariamente provocó sus efectos.
Finalmente, este Frente Popular modelo 2024, integrado por el partido Socialista, los Ecologistas, el partido Comunista y el movimiento de la Francia Insumisa del líder Jean-Luc Melenchon, consiguió la elaboración de un programa básico de gobierno que puede resumirse como sigue:
-Reducción del tiempo de trabajo semanal a 32 horas cuando se trata de labores pesadas o de noche.
– Una sexta semana de vacaciones anuales.
– Aumento del salario mínimo a 1.600 euros mensuales, el que deberá ir aumentando en relación al índice de inflación; bloqueo de los precios de los productos de primera necesidad.
-Jubilación a los 60 años y derogación de la ley Macron que prolongó el periodo de trabajo hasta los 64 años.
En el terreno internacional, la promoción de la diplomacia francesa al servicio de la paz.
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