Cultura – Libro

¡ UNA REVOLUCIONARIA OLVIDADA !

Por Sergio Zamora

Desde el emotivo prefacio escrito por Carmen Castillo, el libro Tati Allende-Una revolucionaria olvidada, de Marco Álvarez Vergara, nos permite conocer casi íntimamente a una de las tres hijas de Salvador Allende y rescatar de un casi olvido la historia de su vida y su compromiso político, de alguna manera empañado por su suicidio.
El relato nos lleva a los tiempos de su niñez y adolescencia y a su encuentro físico con la Revolución Cubana, cuando visita Cuba en julio de 1960 en donde lograría conseguir una entrevista con Ernesto Guevara, el Che, quien tendría una gran influencia en el pensamiento político de Beatriz.
Contra la opinión de su padre que quería permaneciera en Santiago, Beatriz decide efectuar sus estudios de Medicina en la ciudad de Concepción, donde participa activamente en las luchas estudiantiles y sociales de la región.

Allí milita con los jóvenes socialistas que, años más tarde,  participarían en la creación del MIR, entre ellos, Miguel Henríquez.

El 12 de mayo de 1960, miles de trabajadores con sus familias marcharon hacia Concepción para hacer presión sobre las autoridades y obtener respuestas a una de las largas huelgas de los mineros del carbón. Beatriz con sus amigos se plegarán a la marcha y “con la mochila al hombro fueron repartiendo agua y frutas entre las sonrisas de un pueblo que en tiempos de lucha no se cuestionaba la unidad de obreros y estudiantes”. 

Diez días después de esa marcha se registrará en la región uno de los terremotos más grandes que ha conocido la humanidad (grado 9).

“Tati se sumó de inmediato al trabajo de apoyo para levantar nuevamente un vapuleado Concepción y toda la zona afectada del sur de Chile.”  

En este contexto, Tati formó parte de una pequeña delegación de estudiantes que viajó a Argentina para recibir todo lo recolectado gracias a la solidaridad de los estudiantes argentinos.

“La Federación de Estudiantes de Buenos Aires, había organizado un gran acto de recolección de enseres para los damnificados por el terremoto. Fueron recibidos muy cariñosamente por los principales dirigentes estudiantiles, muchos de los cuales a la postre, se convertirían en los principales cuadros políticos de la izquierda revolucionaria de su país.”

Beatriz participó activamente en las campañas presidenciales de 1964 y 1970 siendo una militante activa en el partido de su padre, el Partido Socialista de Chile, y estando presente en los capítulos más importantes de la historia de su tiempo.  
 
A este respecto, en la obra de Álvarez se puede conocer un episodio casi ignorado en cuanto a su implicancia directa junto a su padre, ocurrido el 3 de noviembre de 1970, cuando este juró ante el Congreso Nacional como nuevo presidente de la Republica.

“Ese día aterrizaba en el aeropuerto de Pudahuel un avión con una extensa delegación de autoridades políticas, dirigentes sociales y destacados miembros de la cultura de Cuba”, se recuerda.

Evocando el contexto de esos momentos, el autor detalla que los miembros de la delegación “tuvieron la precaución de pisar el suelo chileno una vez concretado el cambio de mando. Tati se encargó sigilosa y personalmente de esta operación que buscaba que el gobierno saliente no tuviera excusas para alegar una presunta agresión externa, por no existir relación diplomática alguna entre los dos países”.

“El interés de Salvador Allende y Beatriz era que los cubanos estuvieran presentes en el acto de celebración de esa misma tarde en La Moneda, como gesto simbólico de dos pueblos que por fin se hermanaban en el socialismo.”, precisa.

Durante los mil das del gobierno de la Unidad Popular, ella será un permanente apoyo al trabajo político de su padre, y lo acompañará hasta el final.

El 11 de septiembre de 1973, Beatriz estará presente en el palacio de La Moneda, en donde, como lo relata Marco Alvarez Vergara: “Salvador Allende resistió durante horas, probablemente, con la esperanza de que se alzara algún sector constitucionalista de las Fuerzas Armadas, para repeler a los golpistas. Aunque pidió lo contrario en sus últimos discursos, en su interior tal vez también esperó que los trabajadores se levantaran a defender el gobierno”.

Beatriz le dirá adios a su padre y abandonará La Moneda para sumergirse en el mundo turbio y triste del país bajo la dictadura militar. El 12 de septiembre Salvador Allende será inhumado de manera casi anónima en un cementerio de Viña del Mar, en presencia de su esposa, Hortensia, pero en ausencia de sus hijas, impedidas de viajar por las autoridades militares.

Beatriz se sumará al grupo de funcionarios cubanos expulsados de Chile por la dictadura militar y llegará a Cuba unos días después del golpe de Estado.

El 11 de octubre de 1977, en La Habana, sin duda agobiada por el peso inmenso de la tragedia de su país y la suya propia, Beatriz Allende, la Tati, decidió poner fin a sus días.
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Tati Allende-Una revolucionaria olvidada, Marco Alvarez Vergara, Pehuén Editores, Chile, 2017.

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