Editorial

¡SOS, AQUÍ LE KAHUIN DE PARIS!

No venimos ni a vender, ni a regalar, como tampoco a proponer algo para los regalones.
No se asusten. Tampoco venimos a pedir dinero después de cantar, pues difícilmente podríamos hacerlo a la distancia y, sobre todo, por tener muy mala voz y ningún talento para tocar un instrumento o hacer una gracia que pudiera divertir antes de pasar el sombrero.
Venimos a pedir algo a cambio de ofrecer, tal como lo hicimos hace algunos días durante una conversación a través de Zoom con el dirigente poblacional Santiago Castillo, del que esperamos una respuesta para el próximo número, tal como vamos a quedar esperando la que, en lo sucesivo, vendrá de muchos ustedes. Estamos seguros.
La relación con esta conversación está en el hecho de que una vez más nos dejó en evidencia la distancia que se ha ido creando en varias décadas de separación entre nosotros y la realidad simple y cotidiana de los que viven en Chile, tema sobre el que queremos comentar.
A este respecto y como recordatorio, hay que hacer notar una vez más que, los cuatro compiches que, mes a mes nos damos el tiempo de escribir, dibujar, componer, editar y publicar lo que ustedes leen, esperamos con gusto, somos todos “veteranos del 73”, todos setentones e, incluso en vías de ser octogenarios que, en el mejor de los casos, vivimos más de 45 años fuera de Chile.
En lo práctico y como ejemplo evidente de esta separación está algo tan vivo y, por lo tanto, cambiante y evolutivo, como es el lenguaje cotidiano e, incluso y en algunos casos, hasta el propio idioma.
A más de algunos le habrá ocurrido cuando ha ido a Chile el encontrarse con expresiones y términos, exceptuando por supuesto el “weón” (tal cual y no huevón) y el “cachai” que son igualmente cotidianas, pero cuyo significado esencial y profundo se nos escapa.
Del mismo modo, cuando en algunos casos en que queremos expresar una idea de nuestra realidad de expatriados, nos damos cuenta de que lo más preciso en su significado y lo más espontáneo es decirlo en el idioma del país en que vivimos.
A partir de estos ejemplos será entonces muy fácil comprender hasta qué punto se nos escapan e ignoramos otros aspectos esenciales de la vida de todos los días de aquellos que pretendemos sean nuestros lectores y con los que queremos identificarnos en sus preocupaciones, sus proyectos, sus esperanzas y sobre todo, sus luchas, a saber: sindicatos, juntas de vecinos, asociaciones, clubes, centros culturales y de memoria, et y etc.
Y aquí viene la pedida:
Queremos que nos escriban y cuenten sobre todo aquello que les señalamos más arriba, tal como ustedes lo sienten y lo viven, con las palabras y las formas que cada uno tiene.
Y con la pedida vienes la oferta: Ponemos a disposición Le Kahuin de Paris como medio para que puedan llegar a los que son ya (humildemente) varios miles de lectores en unos cuantos países del mundo.
¿Cachai puh weón?

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