CARTA ABIERTA A LA MADRE NATURALEZA

Querida mamá:
Te estoy escribiendo desde Chile, con el agua casi hasta el cuello después de todo lo que nos has mandado como agua desde hace varias semanas.
No te voy a echar en cara esta situación, pues ya estoy acostumbrado a tu mal humor y a tus repetidos y regulares castigos que nos envías bajo la forma de terremotos, maremotos, inundaciones y otros.
No te voy a cargar con los incendios, pues yo se que allí no tienes nada que ver y que comprendo que estos son el resultado de lo mal agradecido que hemos sido contigo, por todo lo que nos diste en un país como el nuestro, con sus montañas, sus bosques, sus ríos, sus lagos, su mar y un clima de norte a sur para todos los gustos.
Es así como teniendo en cuenta tu gentileza y el cariño que has demostrado por tus hijos, en la situación actual que estamos viviendo en Chile, quiero hacerte notar algunos hechos que me parecen importantes para que en lo sucesivo actúes con justicia y, si de desatar tu cólera se trata, no lo hagas por igual contra moros y cristianos, porque pienso somos unos cuantos que comenzamos a portarnos bien.
Como tú bien lo sabes, nosotros los chilenos somos un pueblo esencialmente mestizo y, mal no le pese a los que han escondido las plumas y se creen europeos o gringos, tenemos también un importante trasfondo cultural que viene de los pueblos originarios, esos que ya estaban aquí antes de que “nos descubrieran” en 1492.
Es sin duda inspirado en lejanos recuerdos y tradiciones como estas que, tanto en Chile como en todo el mundo, ha ido creciendo la necesidad vital de volver a respetarte, a honrarte y a proteger todo lo que nos has dado.
Como es fácil suponer, los que mejor han comprendido esta necesidad no son los que viven encerrados en un mundo tan ajeno y separado de ti como el de las finanzas, de los negocios y donde la única regla es ganar más y más riquezas inútiles, sino aquellos que por necesidad o porque lo han elegido, quieren estar más cerca de ti y de tus dones y porque no son malagradecidos, te aman sinceramente y de todo corazón
Yo se que es difícil lo que te voy a pedir, pero se trata de ver si es posible que cuando descargues tu cólera, que comprendo perfectamente, hagas la diferencia entre los que señalaba anteriormente porque no todos son culpables y, en muchos casos, como tú, los segundos son víctimas de rapaces como los grandes bancos, las forestales, las inmobiliarias y sus cómplices que son los funcionarios y representantes políticos vendidos y corruptos.
Sin olvidar esta demanda de clemencia, quiero aprovechar la ocasión de esta carta para agradecerte por traer a la memoria como lo hiciste y de manera bien clara, el que los campos de dunas de Concón los creaste durante milenios para que los disfrutáramos todos, sin distinción y no para que ganara dinero un puñado de sinvergüenzas.
Si te digo cómo me daban ganas de llorar y me revolvía el estómago el ver ese escenario grotesco que son esos adefesios erigidos en uno de tus santuarios, comprenderás el gozo que sentí y cómo aumentó mi amor por ti, madre querida, cuando dejaste que el agua siguiera su curso natural bajo algunos de esos entuertos, copia de pacotilla imaginada por los que se creen en Miami o Dubai.
Que sean muchos más.
Te saluda con el mayor de los cariños, tu hijo
Un chileno.
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