¡ SE NOS MURIÓ LA TÍA COMBATIENTE !

Sin haberla conocido personalmente y sólo de nombre, por el respeto y la admiración que inspiraba y merecía por su discreta pero esencial participación en el atentado contra el dictador Pinochet, no podemos ocultar el sincero sentimiento de tristeza que nos provoca la partida de la compañera Alicia Azócar.
Bibliotecaria de profesión, Alicia vivía en Antofagasta junto a su esposo Víctor Otero Lanzarotti, vicerrector de la Universidad Técnica del Estado en esa ciudad, en el momento en que se produjo el golpe de Estado en 1973.
Después de sufrir los allanamientos, detenciones y acoso que era la norma impuesta por la dictadura, en 1974, Alicia, junto a sus hijos viajó a Cuba, desde donde volvería al país seis años más tarde, para instalarse definitivamente en 1984.
En contacto clandestino con uno de sus hijos y un sobrino, ambos miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Alicia recibió la proposición de participar en el proyecto que se estaba preparando de matar al tirano y la aceptó inmediatamente.
En entrevista con el diario El Desconcierto, ella recordó ese momento. “Acepté porque pasaba diciendo: “ay, si este viejo se muriera”, “ay, si pasara algo” y bueno, pensaba eso, tuve que ser consecuente. No lo pensé mucho tiempo y acepté”.
Con su pinta de señora respetable, como ella misma se describió, consiguió arrendar una amasandería en el camino por donde circulaba Pinochet cuando iba a pasar el fin de semana en su residencia de El Melocotón, la que sería una de las bases de operación y depósito de armas.
Por razones de seguridad y tal como estaba convenido, Alicia salió del país hacia Perú en vísperas del atentado. Fue allí donde se enteró que este había fracasado en su objetivo principal.
«Fue terrible, porque en ese momento piensas en todo lo que va a venir después. En los que estuvieron implicados, en la gente con la reacción que tuviera la dictadura…. Hubo gente que dejó todo para armar eso. Fue muy injusto, por la flauta», recordó en el libro Operación Siglo XX
Muestra del respeto y admiración que inspiraba incluso por aquellos que no era necesariamente afines con sus ideas, como pueden ser los funcionarios policiales o administrativos, quedó demostrado en uno de los tantos episodios de su agitada vida de militante combativa.
Hasta noviembre 2013, cuando volvió definitivamente a Chile, Alicia figuraba aún en los registros de la Fiscalía Militar que investigó el atentado y tuvo problemas para ingresar, siendo detenida por la PDI en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez.
Primero, la funcionaria que la interpeló no podía creer que “una señora de tercera edad podría haber estado implicada de alguna forma en el atentado contra Augusto Pinochet del 7 de septiembre de 1976”.
Luego, fue un subcomisario que aclaró la situación y la dejó reunirse con su familia que la esperaba. “Yo era chico en esa época, no sé por qué me hacen hacerle esto”, se disculpó el oficial. “.
“Ninguno de ellos pensaba que una viejecita como yo podía tener una acusación como esa encima”, recordó en una entrevista.
¡Hasta siempre, compañera Alicia Azócar!
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