Chile – Aborto

EL ABORTO, COMO UN DERECHO NATURAL Y LIBRE DE LOS TABÚES E HIPOCRESÍAS DE LA RELIGIÓN

El 14 de septiembre se cumplieron siete años desde que se promulgó en Chile la ley sobre interrupción voluntaria del embarazo que, si bien significó un avance en cuanto a los derechos de las personas sobre su cuerpo, en el fondo sigue considerando la cuestión del aborto con un enfoque moral.
A fines del presente año, debería ser presentado ante el  Congreso un proyecto de ley sobre el aborto legal elaborado a partir de un debate iniciado en el pasado mes de junio por el gobierno.
Desde 1874, con algunas excepciones establecidas en 1931 por razones terapéuticas abolidas en 1989 durante la Dictadura y hasta la ley de septiembre de 2017, el aborto o “raspaje”, como se le llama comúnmente, era considerado como un delito pasible de cárcel.
La ley de 2017 estableció así tres razones que autorizaba una interrupción voluntaria del embarazo: un peligro vital para la madre, una malformación irreversible del embrión y cuando el embarazo era el resultado de una violación.
Según cifras del Gobierno, desde 2017 hasta abril de este año se habían llevado a cabo poco más de 5.000 procedimientos en conformidad con la ley.
Al mismo tiempo, según cifras estimadas por distintos organismos, en este mismo periodo, el número de abortos efectuado por razones distintas a las tres señaladas se situaba entre 30.000 y 150.000, dato por supuesto muy aproximada por tratarse de acciones clandestina y evidentemente sin registro alguno.
A la luz de estas cifras se puede ver claramente que, con la citada ley, las responsabilidades del Estado en esta cuestión, entre otras, la de asegurar los derechos de las personas, en este caso el de disponer libremente de su propio cuerpo y, el de la salud pública, están lejos de ser cumplidas.
 Esto, sin duda porque las tres únicas razones de la ley aparecen más bien como una justificación y como circunstancias atenuantes para un acto que sigue siendo considerado como feo, pecaminoso, inmoral y por lo tanto condenable.
Sin temor a equívocos, se puede ver en esta consideración la influencia ancestral y tradicional de la iglesia Católica, expresada políticamente a través de la derecha, en una posición doctrinal y fundada sólo en los tabúes hipócritas de esta en todo lo que se refiere al sexo, tanto más cuanto que implica directamente a la mujer.
La base del argumento que vincula el aborto con la muerte de un ser humano viviente es de orden estrictamente doctrinal y no tiene base científica.
Según esta, la condición humana del embrión le sería dada a través de un “soplo divino” que recibiría este en algún momento, cuestión sobre la cual persiste el debate, ya sea en el momento de la relación sexual o en diferentes periodos del embarazo y según el sexo del feto, tal como lo estimaban los grandes teólogos y Padres de la Iglesia.
Según tal absurdo, podría pensarse con justa razón que, si el aborto es el asesinato de un ser humano, la masturbación masculina sería un genocidio…

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