LA POLÍTICA Y LA GUERRA DEBEN HACERSE LO MÁS LEJOS POSIBLE DE LA CAMA

El 14 de mayo de 2011, el francés Dominique Strauss -Khan, quien era en ese momento director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), es decir el más importante organismo de gestión de la economía mundial, fue detenido en Nueva York cuando se disponía a tomar el avión para volver a Francia.
Acusado de haber violado a una camarera del Hotel Sofitel en la ciudad estadounidense, DSK, como lo llamaban comúnmente, apareció ante las pantallas y los diarios de todo el mundo, esposado y escoltado por la policía para ser conducido a una comisaría local como un vulgar ratero.
En aquel momento, DSK no sólo era el jefe del FMI, sino aparecía como el postulante con más posibilidades de representar al partido Socialista y ganar en las elecciones presidenciales del año siguiente en Francia, frente al presidente Nicolas Sarkozy, postulante a su reelección.
Finalmente, los cargos penales contra DSK fueron abandonadas el 23 de agosto de ese mismo año y las querellas pendientes en la parte civil superadas mediante un acuerdo financiero.
En lo concreto y más allá del desenlace del caso, lo cierto es que la ascendente carrera política de DSK, que podría haberlo llegado a la Presidencia de la República Francesa, quedó definitivamente terminada, sin que, por lo tanto, quedaran despejadas todas las dudas que se plantearon durante el caso.
Entre todas estas, la esencial, la de explicar cómo un personaje de tal nivel intelectual y político, dotado de una importante fortuna que le permitía pagarse refinados servicios sexuales. pudo haberse dejado llevar por un impulso hasta el punto de cometer un crimen contra una mujer que no era particularmente atractiva.
Había un elemento que jugó enormemente en contra de DSK, cual es la fama que tenía entre sus pares y conocida “off the record” por la prensa, cual era la de ser un gran aficionado a los placeres del sexo. Muy “picado de la araña”, como se decía en Chile. Pero ni siquiera este elemento era suficiente para explicar la situación.
En resumen, el principal perjudicado y de manera definitiva por este episodio fue el propio DSK, responsable o culpable, al menos por haber caído en una trampa, como podría pensarse la hubo, lo que, evidentemente, plantea la cuestión de saber quién estaba interesado en provocar su pérdida.
Como es fácil imaginar y comprender el relato de este acontecimiento viene a colación con lo que se da actualmente en Chile en cuanto al llamado “caso Monsalve”, a los entretelones de este y a las interrogantes que, de todas maneras, quedarán pendientes sea cual sea el resultado final del proceso y el destino del ex subsecretario del Interior.
Como en el caso relatado anteriormente y a la luz de los elementos que han trascendido sobre las circunstancias en que Monsalve habría abusado de su subalterna, hay demasiadas incongruencias y zonas obscuras en la actuación de los protagonistas, todo lo cual y mientras no haya respuestas claras, da lugar a todo tipo de interpretaciones y teorías.
Entre estas y teniendo en cuenta los ingredientes, la de una trampa y la de un montaje para eliminar a Monsalve como personaje de primera línea en la guerra que el Gobierno afirma haber declarado al crimen organizado.
Si fuese el caso y como en el “affaire DSK”, esto no libera a Monsalve de su responsabilidad y culpabilidad por no haber tenido la prudencia e inteligencia para no dejarse llevar por sus pretensiones de galán al pedo y caer en la trampa que le pudieron haber tendido.
En cuanto al beneficio político que está sacando la derecha de este caso, sería alevosía el cargarle el muerto al pobre Monsalve.
Sea cual sea el fondo del asunto, está claro que las cagó con todas las de la ley, pero podría apostarse sin riesgo de perder que nunca habría podido imaginarse que, en el manejo de la consecuente crisis, sería superado con tanta gracia por el gobierno del que formaba parte, comenzando por el propio Boric y la ministra Tohá.
Moraleja: “la política y la guerra hay que hacerlas lo más lejos posible de la cama”
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