LA PRIVATIZACIÓN DE LAS INSTITUCIONES Y SU MARCA INDELEBLE EN LA VIDA DE LOS CHILENOS
Por Pedro Marcial Vega
Primera parte

La vida cotidiana de los chilenos está en gran parte determinada por la privatización de las distintas instituciones operada a partir de la Dictadura, como por los diferentes servicios públicos a los que acceden gratuitamente, desarrollándose esta entre un eje de privatización y otro de gratuidad.
Un ejemplo claro es lo que se da en el ámbito de la salud.
Hay quienes tienen recursos monetarios suficientes y acceden a la salud privada (Isapres) y quienes carecen de ellos que acuden a la salud pública (Fonasa), si bien hay personas que aún estando en Fonasa adquieren servicios privados para exámenes o consultas médicas.
Para los que no tienen los medios suficientes para atenderse en un sistema de salud privado, el Estado debe asegurar este servicio en un papel llamado de subsidiario, consagrada de manera clara y explícita en la actual Constitución.
Como es fácil comprender, entre otras, esta situación es la base misma de la segregación social.
Así, los que sólo acuden a lo privado pertenecen a las clases altas o medias altas o medias. Los que combinan el uso de ambos sistemas son de clases medias bajas, y los que acuden a lo público exclusivamente pueden ser de cualquier clase, exceptuando las altas.
Esta división clasista genera individuos, no genera colectividad. Lo que podría hacerlo es la universalización del acceso a la salud.
El individualismo se fortalece en las clases con menores recursos porque el Estado neoliberal complementa lo subsidiario focalizando recursos hacia aquellas personas de menores ingresos, mediante diversos programas que abarcan la vida cotidiana en sus distintos aspectos.
Así, la focalización “elige” a las personas tomando en cuenta diferentes requisitos, aparte de sus ingresos, los que determinan un puntaje que les posibilita, o no, ser beneficiados por un subsidio.
Esto genera segregación e individualismo, e incluso desconcierto entre las personas, pues puede ocurrir que sólo por un punto se deje fuera a alguien que tiene las mismas condiciones de existencia que otra que sí es elegida.
Este individualismo establecido por la focalización conlleva o genera una mentalidad de competencia.
¿Qué debo hacer para acceder al programa? Como otrora con la implementación de la ficha CAS (Comité de Asistencia Social), ante la visita del funcionario del Estado, las personas literalmente escondían sus electrodomésticos porque les generaban puntaje en contra y no alcanzaban el subsidio.
La reacción de los individuos se podría calificar como conformista. O sea, no había un cuestionamiento frente lo estructural que les afectaba, pero sí hacían “trampas” para lograr sus beneficios. Y puede haber otra parte, distinta de las anteriores qué si entiende lo estructural pero no encuentra los caminos necesarios para cambiarlo. Estos pueden ser quienes estuvieron en la Rebelión Social de Octubre 2019.
La mentalidad de una parte de la población chilena cambió radicalmente con el golpe de estado y la privatización de las condiciones de existencia.
En primer término, obviamente, debido a los horrores cometidos por la dictadura, lo que se tradujo en miedo, temor, a lo que vino a agregarse, con el proceso de privatizaciones, un estado de incertidumbre que aún persiste: ¿Tendré dinero para salud y educación, para jubilarme y poder vivir con esa pensión?
Los medios de comunicación incrementan esta percepción de ser vulnerables y expuestos a la pobreza.
Sin embargo, en muchas personas, el miedo y la incertidumbre, provocan una mentalidad conformista en relación a lo institucionalmente establecido.
Paradójicamente, ese conformismo las empuja a buscar formas de potenciarlo mediante la obtención de subsidios que el sistema ofrece para mantener un cierto nivel de vida cotidiana y que puede expresarse en una mentalidad acorde con la idea de “salvarse dentro del sistema”.
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Fin de la primera parte.
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