Internacional – Economía

RECESIÓN, CRISIS CLIMÁTICA Y AUTOMOTRIZ EN LA UNIÓN EUROPEA

Por Claudio Jedlicki

Cuando Alemania, la principal economía europea con más de la cuarta parte del PIB de la Unión Europa (UE), se resfría, todo el resto comienza inmediatamente a estornudar.

Su dinamismo y su fortaleza residen en su sector industrial y en sus exportaciones. Particularmente la industria automotriz con más del 10% del PIB incorporando sus proveedores y cerca del 20% de sus exportaciones.

Actualmente y desde inicios de 2023, Alemania se encuentra en recesión, técnicamente definida por dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo, debido fundamentalmente a dos causas originales: la guerra ruso-ucrania que generó una fuerte inflación y la baja de las exportaciones, especialmente hacia China.

La primera de ellas generó una crisis energética global que encareció los costos de producción especialmente en Alemania, fuertemente dependiente del gas ruso boicoteado por la UE. El alza de precios se expandió a todos los sectores y paises limitando la capacidad de importación de muchos de ellos.
 
Alemania se confrontó entonces a la baja de sus exportaciones. Se sumó a esto la desaceleración del crecimiento en China, uno de sus principales clientes, notablemente en maquinarias y equipamiento industrial para acentuar la caída.

Si Alemania está en recesión, su socio principal en la UE, Francia, con casi la quinta parte del PIB europeo, aún no lo está. Paciencia, es cuestión de algunos meses. Los Juegos Olímpicos y el aumento del déficit presupuestario han permitido diferir la fecha.

Si nos interesamos más detenidamente al sector clave que es el automotriz, tanto por su contribución al PIB, como a las exportaciones y empleo, visualizaremos mejor la complejidad de la situación.

Durante los años del  Covid, 2020/2022, la producción bajó; no obstante, en 2023 las ventas fueron inferiores a 2019.

En Alemania, la venta de 3,6 millones de unidades en 2019 bajó a 2,8 en 2023, mientras que la producción disminuyó de 4,66 a 4,11 millones de unidades.

En Francia, el número de unidades vendidas pasó de 2,21 a 1,77 millones (-20%) y la producción, superó el 1,5 millón en 2023 pero acusando una disminución del 31% respecto a 2019.

Si las causas de estas bajas son comunes con las del resto de la actividad económica ya enumeradas más arriba, el sector automotriz agrega otras que le son propias, como la necesaria reconversión de los constructores de la energía térmica a la electricidad, frente a la crisis climática y a las restricciones impuestas por la Comisión Europea.

La venta de vehículos térmicos debe interrumpirse en 2035 y de aquí a entonces las reglas de reducción de CO2 se van endureciendo, previendo multas para las empresas que las infringen. Además, de haber yan establecido un impuesto de 10% a las importaciones de automóviles chinos, está en discusión otro suplementario de 35% para aquellos que utilizan una batería de fabricación de este mismo origen.

En 2024, si el mercado se estabilizó durante el primer semestre, en agosto sufrió una drástica caída, -18,3%, en particular la de vehículos eléctricos, -43,9%. Desde entonces, los anuncios de grupos de constructores sobre todo alemanes y franceses se repiten anunciando cierres de plantas y simultáneamente solicitando ayudas urgentes a la Comisión.

La recesión y los déficits que engendra será enfrentada como habitualmente se procede, con recortes presupuestarios y moderaciones salariales. La resolución de la crisis automotriz no es evidente, partiendo por las divergencias entre alemanes y franceses. Los primeros se oponen al proteccionismo frente a los vehículos chinos, temerosos de las represalias chinas a sus propias exportaciones.

Es imperativo cesar de privilegiar el vehículo individual y lo que conlleva en desmedro de transportes colectivos y de las infraestructuras que lo acompañan, preferir vehículos individuales eléctricos pequeños y penalizar los grandes (SUV) y otros que desarrollan altas velocidades.

En definitiva, es necesario otro modelo que opta por el bienestar colectivo. Difícilmente superaremos la crisis ambiental con la lógica del “laissez faire” (dejar hacer) propia al capitalismo liberal.
 

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