Internacional – Siria

LA GRAN INTERROGANTE: ¿CUAL SERÁ LA ORIENTACIÓN DEL NUEVO PODER DESPUÉS DE LA CAÍDA DE BASHAR AL-ASSAD?

Tropas sirias « rebeldes » atacando Alepo.

Luego de la caída del régimen de Bashar Al-Assad y las esperanzas y decepciones de miles de sirios que buscan a seres queridos, detenidos y desaparecidos, persiste ahora la gran cuestión de saber cuál será la orientación política de Hay’at Tahrir al Cham (HTC) la organización que controla el poder en Siria, en el contexto del Medio Oriente dominado por Israel y en parte por Turquía.
Personificación de esta interrogante es ese casi sosías de Fidel Castro, el jefe de HTC, Abú Mohamed Al -Jolani, que intriga a todo el mundo por sus declaraciones en pro de la formación de un Estado civil, algo totalmente inédito de alguien que fue activo militante de organizaciones islamistas radicales como el Estado islámico y Al Qaeda.
Más allá de determinar si sus primeras actitudes reflejan una verdadera evolución ideológica o una maniobra oportunista, lo concreto es que por el momento ha demostrado un talento político innegable frente a los inmensos desafíos que debe superar.
En primer lugar, la gigantesca tarea de levantar un país totalmente arruinado material, política y económicamente, en un contexto en que su soberanía aparece seriamente amenazada por las ambiciones de Israel, que ya ha comenzado a anexar partes de su territorio, como las de Turquía, de Rusia e Irán, que están al acecho
A río revuelto….
Como prioridad y en consecuencia con este desafío, Mohamed Al Jolani o Ahmed al-Chareh, de su verdadero nombre, tiene escasas y urgentes alternativas, como, en primer término, el afianzar su liderazgo sobre todos los grupos rebeldes que participaron en el embate final contra la dinastía Al-Assad, sobre todo los que venían del sur, los primeros en entrar a Damasco.
Urgente igualmente, el componer con las fuerzas kurdas que controlan el noroeste de Siria para alejar el peligro de una nueva secesión y, a término de una guerra civil.
Esto último, sin entrar en conflicto con Turquía empeñada en terminar de una vez por todas con esta presencia en su frontera del Partido de los Trabajadores del Kurdistán PKK (marxista) y que, aprovechando la situación inició una gigantesca operación militar contra las regiones bajo control kurdo y la capital de estas Rojava.
También tarea ineludible a corto plazo es la de definir el tipo de relaciones con un Occidente más que desconfiado, debido a los antecedentes y el pasado de Al-Jolani, y temeroso de que Siria sea transformada en un país fundamentalista islámico, nuevo punto de partida de operaciones yihadistas o al menos que proteja y facilite la acción de organizaciones islamistas en la región.
En lo que se refiere política al interior del país, las minorías religiosas permanecen nerviosas, aun cuando algunas (cristianos y chiíes no alauíes) han recibido la promesa de ser respetadas.
En cuanto al conjunto de la población, después de 50 años de una dictadura como la del clan Al Assad, parece difícil que esta esté dispuesta a aceptar sin reaccionar frente a una nueva tiranía.
Esto, porque el proceso de revuelta iniciado en 2011, a pesar de todos los reveses y la brutal represión del régimen dejó profundas enseñanzas en la población siria, la que alcanzó una importante madurez política, realidad que Al Jolani parece haber comprendido y, al menos por el momento, no parece interesado en convertirse en el líder supremo de una dictadura islamista.
Con optimismo, no son pocos los que interpretan estos signos “positivos”, más que una evolución ideológica o una táctica del líder, como la convicción de que el método intolerante, radical y de confrontación empleado por Al Qaeda y el Estado Islámico (ISIS) los llevó al fracaso.
En consecuencia y sin perder de vista el objetivo final de una transformación del orden mundial según los preceptos del islam, el camino sería siempre la yihad, no en su interpretación de guerra sino en la otra, la del esfuerzo y la superación espiritual.

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