Chile – Bachelet

COMO EN 2012, BACHELET ENTRE “QUIERO Y NO QUIERO” PARA AUMENTAR OPCIONES DE POSTULAR A LA PRESIDENCIAL

La posible postulación de la ex presidenta Michelle Bachelet para un tercer mandato comienza a ocupar poco a poco a actualidad política en Chile y el que “quiero o no quiero” en que esta se ha mantenido, puede pensarse es una forma de afirmar su posición en las encuestas que la señalan como la mejor ubicada para ser finalmente la candidata que reúna a las fuerzas llamadas “progresistas” frente a la derecha que ya tiene tres postulantes.
A falta de un pronunciamiento claro y definitivo, los que aparecen como partidarios de su postulación dejan correr rumores que no hacen más que aumentar la expectación, un método que ya dio resultados en 2012 antes de aceptar participar para una segunda postulación en la que resultaría electa.
Según diversos analistas políticos, la figura de Bachelet podría ser un factor de unidad en el seno del oficialismo, y su popularidad hacerla que se imponga en un sector que cuenta ya con al menos 10 posibles postulantes a candidatos.
Siempre según estos, el suspenso que ha mantenido sería también una manera de ganar en importancia para finalmente imponer como condición para ser candidata, el ser representante de una amplia coalición política, electoral y programática, al estilo de lo que fue la Nueva Mayoría en 2012, con participación desde la Democracia Cristiana hasta el partido Comunista.
Evidentemente, la postulación de Bachelet y su eventual triunfo en las elecciones podría aparecer como una gran victoria para las fuerzas progresistas y todas aquellas que se reivindican con un criterio amplio, generoso y muy poco exigente en cuanto a principios, como de “izquierdas”.
No obstante, el recurso a un personaje representante de una época que la generación que está actualmente en el gobierno se esmeró en presentar como superada, hace pensar necesariamente a un “plato recalentado” y, lo que es más grave, deja en evidencia el fracaso de la renovación política de la que pretendió ser símbolo el Frente Amplio.
Esto, en el mejor de los casos para el oficialismo, es decir si Bachelet resultara electa para un tercer mandato. Pues es de imaginar, el caso contrario, el de la no sólo electoral, sino también moral y política que significaría el que la ex presidenta no consiguiera una tercera reelección.

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