Chile – Impresiones – 2

ENCUENTRO CON EL PRESIDENTE ALLENDE FRENTE A LA MONEDA

Por Fernando Maignant

Me ha costado relatar oralmente esta experiencia que viví en Santiago, delante de la estatua del presidente Salvador Allende, frente al Palacio de La Moneda, sin que mi voz se haya quebrado por la emoción.
Ahora escribiéndola, mi voz no se quebrará, pero trataré de comunicar en palabras lo que sentí en ese momento.
Había tenido ya un momento de recuerdo profundo y emocionado al pasar por calle Morandé frente al número 80, al observar en el suelo de la vereda, grabado en una placa de bronce, los nombres de los heroicos defensores de La Moneda en aquel nefasto 11 de septiembre de 1973, capturados, torturados, asesinados y hechos desaparecer después.
A varios de ellos los había conocido personalmente en el quehacer cotidiano en el palacio presidencial y con otros tantos me había tocado incluso compartir el almuerzo cotidiano en el comedor común para todo el personal que había junto al Patio de Invierno
Caminé luego para instalarme delante de la estatua del presidente Allende ubicada en la esquina de la Plaza de la Constitución (no sé si aún se llama así) que da hacia las calles Moneda y Morandé.
Quería observar a la personas, chilenos o turistas extranjeros. que llegaban hasta allí y se detenían en un gesto de respeto y recogimiento.
Más aún quería conocer las razones de tales gestos y comencé a interpelar a las personas que hasta allí llegaban, muchas de ellas ya mayores y que sin duda habían sido testigos de los acontecimientos que tuvieron como escenario ese lugar y que llegaban con hijos y nietos.
De todos ellos, me quedó grabado el recuerdo de una respuesta, pues me dejó cargado de orgullo por seguir, más de cincuenta años después, en la lucha por los ideales que fueron los de ese momento de la historia de mi país lejano y lleno de esperanza y confianza en el futuro.
Fue el encuentro con una familia formada por la pareja de unos cuarenta años y sus dos hijos de unos 12 y 14 años.
Después de posar para fotografiarse con la estatua como fondo, los dos chicos se quedaron observándola durante varios minutos en un gesto muy concentrado y de profundo reconocimiento.
Pasado ese momento, les pregunté el porqué de tal gesto.
Seguramente porque pensaron que era un turista, no fueron escuetos en explicarme en detalles y de manera muy afirmada.
“Es la estatua del presidente Salvador Allende, el mejor presidente que ha tenido Chile en toda su historia”, me explicó uno de los chicos, antes que el otro completara. “Quizás usted no conoce la historia, pero el presidente Allende combatió heroicamente allá arriba desde una de esas ventanas y murió defendiendo la democracia…”
Sonreí con el corazón apretado y les respondí con voz que traté fuera firme y no quebrada por la emoción:
“No soy extranjero, soy chileno y tuve el honor de trabajar en aquel tiempo aquí mismo, en el Palacio de La Moneda, más aún hubo una ocasión en que, como periodista, compartí personalmente y por cerca de una hora con el presidente Allende…”
Los dos chicos me miraron asombrados y sin decir palabras me estrecharon la mano.
Los vi alejarse caminando. Sin la menor duda, iban hacia el futuro.,

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