LA VIOLENCIA EN LOS ESTADIOS NO ES MÁS QUE UNA MANIFESTACIÓN DE LA VIOLENCIA DEL SISTEMA

El miércoles 10 de abril, una muchacha de 18 años y un niño de 13 murieron atropellados por un “zorrillo” de Carabineros, cuando se disponían a entrar al Estadio Monumental de Santiago para presenciar un partido entre el equipo nacional de Colo Colo y Fortaleza de Brasil.
Como ocurre cada vez que hay una desgracia, se denunció todas las fallas que concurrieron para que esta ocurriera y se manifestó a todos los niveles la” firme” voluntad de hacer todo lo necesario para que “nunca más”.
Hasta la próxima vez, pues una vez más, en el análisis de las circunstancias que provocaron la muerte de dos inocentes, más allá de nuevas medidas punitivas, más medios materiales de vigilancia y más control de la población, se eludió deliberadamente el ir al fondo mismo de la cuestión social y política del problema.
En este contexto, tanto el gobierno, los distintos poderes del Estado, como la prensa comercial y empresarial, que domina en Chile y que modela la opinión pública, trataron de encuadrar la tragedia exclusivamente en el contexto de la violencia que, como en este caso, protagonizaron las barras, supuestamente relacionadas con el crimen organizado y contra las cuales no cabe sino la represión.
Desde un comienzo y de esta manera, las autoridades del Estado trataron de hacer aparecer la muerte de los dos jóvenes como un accidente dentro de la difícil labor que sería la de Carabineros.
En tanto, los medios, sobre todo la televisión, centraba la información de los hechos en los incidentes ocurridos durante el segundo tiempo del partido, mucho después y lejos del lugar donde habían muerto atropellados por el zorrillo de Carabineros, la joven y el niño.
No hay que ser muy inteligente para comprender que esta manipulación de la información está destinada a crear un sentimiento de inseguridad para hacer que las buenas almas se acostumbren a mayor control, mayor empadronamiento, más cámaras de vigilancia, más policías, más vigilantes.
Es decir, los mismos métodos, la misma inspiración y el mismo criterio (o falta de criterio) definidos por la política de Estadio Seguro, desarrollada durante el primer gobierno de Sebastián Piñera de ir poniendo parches cada vez que la situación lo exige en lugar de ir al fondo, a la fuente y los orígenes de los problemas, hoy declarada fracasada.
En el caso de la muerte de las dos personas, los antecedentes y los testimonios recogidos muy poco tiempo después demostraron que, si bien el embestir a la multitud a la multitud con el vehículo había sido un acto deliberado, este podía ser comprendido en el contexto del papel exclusivamente represivo y de la impunidad que se ha ido dando, legalmente y en los hechos, a Carabineros.
Tampoco hay que ser muy inteligente para comprender que la violencia en los eventos deportivos no es sino una expresión más de la crisis que ha generado la corrupción y el descrédito consecuente de todas las autoridades, de la pobreza disfrazada bajo el endeudamiento, de la inmigración sin control y la diferencia entre los que tienen todo y los que no tienen nada.
Apenas conocida la noticia de la muerte de la joven y el niño en las inmediaciones del Estadio Monumental de Santiago, se producían incidentes y variados enfrentamientos con Carabineros en diversos puntos de la capital.
La situación volvió a la calma poco después de medianoche de aquel 10 de abril.
Hasta la próxima vez.
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