Palma de Honor nº 46

LA COMPLICIDAD DE GENOCIDIO NO ES MÉRITO PARA MERECER LA PALMA DE HONOR.

En aquella tarde de julio, la sala en el palacio parisino, hotel particular como lo llaman aquí, donde sesiona el Honorable Jurado de la Palma de Honor estaba convertida en un horno, como consecuencia de la canícula.
 Ambiente ideal para desatar esas polémicas en que las sesiones culminan al borde del pugilato entre Honorables Miembros incluida la persona de Su Serenísima Señoría..
Los abultados expedientes que dos de los Honorables Miembros depositaron sobre la mesa de caoba, frente a sus respectivos puestos y las miradas desafiantes que entrecruzaron dejaron en claro que cada cual tenía su propio candidato dotado de un más que nutrido expediente de apoyo.
Apenas SSS había terminado de proclamar abierta la sesión en nombre de Dios, que uno de los Honorables inició la exposición en favor de su postulante.
“Me permito dudar que pueda existir mejor candidato para recibir la Palma de Honor que el alcalde de Puerto Montt, Rodrigo Wainraight Galilea”, dijo el Honorable, marcando una pausa antes de fundamentar su proposición.
“Entre sus obras en favor de la ciudad de Puerto Montt, Wainraight instaló un monumento que representa una especie de peineta gigante o rastrillo con los dientes hacia arriba, sin duda una obra abstracta de arte moderno”, señaló el Honorable antes de continuar.
“Pues bien, ahora, para proyectar la ciudad que dirige hacia un nivel internacional, fue a participar, en tanto neutral como no se ha cansado de repetir es su posición, en un encuentro de municipalidades organizado en Israel”.
Frente a este, el otro Honorable no perdió tiempo y sin preámbulos declaró: “Me permito afirmar que el ex director de un servicio esencial del Estado, como es Impuestos Internos, que fue víctima del mal funcionamiento de su propio servicio, no puede sino ser recompensado con nuestro mundialmente reconocido galardón que tenemos el honor de otorgar”.
“En consecuencia, culminó, propongo solemnemente se otorgue la Palma de Honor al ex director del Servicio de Impuestos Internos, el señor Javier Etcheberry que, debido al hecho de que, según alegó,  su propio servicio no registró sus declaraciones, apareció como doloso y, en consecuencia, fue llamado a renunciar”.
La experiencia y la sabiduría permitieron a SSS adivinar en las miradas y los gestos de los Honorables que se enfrentaban, el odio que germinaba y en consecuencia el riesgo de que la reunión terminara en pugilato, por lo que, sin vacilar, empeñó el prestigio de su propia condición y cargo, emitiendo su sentencia.
“En consideración a las atribuciones legales que me otorga mi cargo de Presidente del Honorable Jurado de la Palma de Honor, declaro solemnemente que, en atención a sus méritos, se otorga el galardón al señor Javier Etcheberry”, sentenció.
“Sin embargo, continuó, me hago un deber en precisar las razones por las que el otro postulante queda de facto descartado, esto, pues al menos uno de los antecedentes expuestos en su favor no corresponde a las exigencias para este galardón y más bien son sujeto de la justicia, por complicidad en el asesinato de miles de mujeres y niños, de genocidio y de crímenes de guerra”.
Hubo un prolongado silencio antes de que todos los Honorables Miembros, incluso los que poco antes de enfrentaban, estallaron en un nutrido aplauso que sólo se apagó cuando todos partieron corriendo a combatir el calor y brindar con el pisco sour bien helado de rigor.

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