Editorial n° 47

AL FASCISMO NO SE LE DERROTA EN ELECCIONES SI NO HAY UN PODER POPULAR PARA EL GOLPE DE GRACIA

En la perspectiva de las elecciones que tendrán lugar a fines de año, la opción de voto no debería ser un gran dilema para cualquiera que tenga ideas al menos progresistas o que rechaza lo que fue la dictadura cívico militar y por ende a todos aquellos que siguen reivindicándola o justificándola.
 Entre los dos candidatos con más opciones en la carrera presidencial, la cuestión, al menos en apariencias, no podría estar está clara.
Por un lado, una mujer militante comunista de largo tiempo, ejemplo de la voluntad y el coraje de aquellos que provienen de sectores humildes y que quieren superarse y que se desarrolló políticamente al alero de un partido cuya capacidad para formar buenos dirigentes no puede negarse.
Por el otro, el hijo de una familia alemana que emigró a Chile después de la Segunda Guerra Mundial, y de un padre comprobado militante nazi, herencia bien guardada y expresada en su posición de apoyo y justificación de la dictadura y los crímenes de Pinochet y siendo ferviente partidario del modelo social y económico impuesto por esta mediante la fuerza y el saqueo.
No obstante, y a pesar de esta alternativa que parece ser tan clara, según diversos estudios de la opinión pública, a poco más de dos meses de la fecha de la primera vuelta de los comicios, un importante sector de la ciudadanía sigue estando indeciso en cuanto a su preferencia.
Más aún, el hecho que un sector político como es el MIR que, sin gran significado numérico actual, pero con un pasado de lucha que le da una gran autoridad moral, llame a votar nulo y que otros grupos de izquierda menos importantes, decidan presentar candidaturas alternativas incluso sin grandes posibilidades, deja pendiente no pocas interrogantes.
La primera de estas, el por qué frente a una disyuntiva que aparentemente es tan clara, aparecen estos cuestionamientos y, lo que sin duda es más importante, si acaso estas actitudes no son una expresión elocuente de una profunda crisis política que quedó pendiente después del estallido social y para la cual las elecciones en un contexto tradicional no son la vía de solución.
La otra cuestión, mucho más contingente y concreta es cuál debe ser la actitud para adoptar frente al peligro de que resulte electo, dentro del marco estricto de la democracia formal y con el reconocimiento internacional,  un gobierno que según su vocación y sus antecedentes derivaría hacia una dictadura fascista.
El actual presidente Gabriel Boric fue electo en 2021 como la alternativa al entonces ya candidato José Antonio Kast, el que ahora es nuevamente postulante y con más posibilidades que nunca de ser electo.
Esta realidad actual es sin duda el más elocuente de todos los fracasos políticos del actual gobierno.
Cabe entonces preguntarse ¿cómo es posible que la campaña de la candidata Jeannette Jara esté centrada una vez más en la cuestión de ser la alternativa para derrotar al fascismo y, lo que es peor, que esta eventual derrota se lograría con el simple hecho de ganar la elección presidencial.
Sin duda esto último no es la idea de fondo, pero es lo que aparece cuando se ha podido apreciar que, desde la primaria hasta ahora, en la tarea de lograr la adhesión de nuevos sectores políticos y los votos que llevan consigo, poco a poco se ha acomodado la línea de un programa al menos progresista y se ha dejado en segundo plano una militancia que todos conocen.
Nadie podría negar la importancia que, en el contexto de un sistema democrático, tiene el hecho de ganar elecciones.
Pero la democracia es muchísimo más que el ganar una elección en la que se entrega al ganador una varita mágica para que resuelva todos los problemas, ante un pueblo mero espectador en la espera de elegir cuatro años después entre la lista de candidatos presentados conforme a las reglas del marketing, como si fuesen tarros de conserva de un supermercado.
Por ahí se dice que sólo se derrota al fascismo con más democracia.
No puede haber democracia sin una participación real, comprometida y responsable de todos los ciudadanos, con organizaciones creadas por ellos mismos, con poder para elegir sus representantes para cumplir un mandato definido por la asamblea so pena de sanción en caso de fallo en la tarea encomendada.
Hubo en nuestra historia algo que se llamó poder popular. Desde 2019, de todo esto hay un germen y un potencial que están a la espera.

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