EN EL PAÍS FAMOSO POR SU REFINADA COCINA, LA OLLA SOCIAL A PUNTO DE REVENTAR

En Francia, dos grandes movilizaciones populares, símbolos de la profunda crisis política, social y económica que vive el país, marcaron la etapa del regreso a las actividades normales, laborales, económicas y estudiantiles, después del periodo de vacaciones del verano boreal, en junio, julio y agosto.
“A bloquear todo” el 10 de septiembre,fue el llamado que circuló a lo largo de todo el país, algo que partió de manera casi espontánea, sin un liderazgo bien definido y cuya organización y desarrollo se fue dando a conocer sobre todo a través de las redes sociales, en algo frente a lo cual, los chilenos aquí, evidentemente, evocaron las jornadas iniciadas en Chile en octubre de 2019.
La segunda de estas manifestaciones tuvo lugar ocho días más tarde, esta vez organizada por el conjunto de las federaciones sindicales francesas, la que tuvo un impacto mucho mayor que la anterior en cuanto a la movilización y las consecuencias de esta en lo cotidiano.
Francia está viviendo un largo ciclo de tensiones sociales iniciado ya antes del comienzo del primer mandato del actual presidente Emmanuel Macron (2017), en el marco de una acentuación de la política de economía neoliberal iniciada por el anterior mandatario, el “socio-listo” François Hollande.
Dos etapas importantes marcan este ciclo, la primera en 2016, en las postrimerías del mandato de François Hollande, con movilizaciones en que participaron millones en contra de una reforma de la legislación laboral que, como es fácil comprender, estaba destinada a reducir al máximo los derechos de los trabajadores y en beneficio de la patronal.
Siete años mas tarde, en 2023, millones de personas y durante varios meses se movilizaron para oponerse esta vez a una reforma del sistema de jubilaciones destinada a aumentar de los 62 a los 64 años, la edad legal para jubilar.
En ambos casos, las respectivas leyes fueron promulgadas “por la fuerza”, mediante un recurso constitucional que permite al ejecutivo prescindir del Parlamento y al mismo tiempo y evidentemente ignorar la presión popular.
En lo político, la crisis actual comenzó a mediados del año pasado, cuando las fuerzas de la coalición de apoyo al presidente Macron sufrieron, frente a la extrema derecha, una rotunda e histórica derrota en las elecciones parlamentarias de la Unión Europea.
Esto llevó al mandatario francés, de acuerdo con sus atribuciones constitucionales, a disolver la Asamblea Nacional (la cámara de diputados que es la rama principal del poder legislativo) y llamar a nuevas elecciones parlamentarias.
El resultado de estas fue una nueva y aún más rotunda derrota para las fuerzas aliadas del gobierno y la aparición como primera mayoría, superando esta vez a la extrema derecha, de una coalición de partidos de izquierda, integrada por el movimiento de la Francia Insumisa, Socialistas, comunistas y ecologistas.
En Francia, sin estar obligado, pero por evidentes razones políticas y para poder gobernar, el presidente de la República debe nombrar a un primer ministro salido de las filas del partido o la coalición que haya obtenido la mayoría en la Asamblea Nacional.
Esta regla práctica fue ignorada por Emmanuel Macron, quien nombró ya a dos primeros ministros con sus respectivos gabinetes, los que en menos de un año fueron censurados y obligados a renunciar a sus cargos, por decisión de una mayoría de votos en la Asamblea Nacional,la que se opuso, en ambos casos al proyecto de ley de presupuesto nacional presentado por estos-.
El último de estos dos primeros ministros François Bayrou, nombrado en diciembre del año pasado, uno de esos políticos centristas que siempre gravitó en las esferas medias del poder, implicado en un escándalo de violencias y abusos sexuales en un colegio católico, nunca consiguió ser aceptado por la opinión pública y desde su nombramiento, en diciembre de 2024, fue cuestionado regularmente en el plano político y por la opinión pública.
Consecuencia del llamado a la movilización del 10 de septiembre y en la víspera de su realización, Bayrou se vio obligado a renunciar, siendo remplazado por uno de los más fieles seguidores del presidente Emmanuel Macron, el que, hasta fines de septiembre, tampoco parecía haber superado la crisis en torno a la ley de presupuesto, cuando están programadas nuevas y masivas movilizaciones sociales para comienzos del mes de octubre.
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